El cuerpo desaparecido que tenían las autoridades

Julio César Cervantes Cabañas salió un día a la tienda y nunca regresó. Tenía 49 años y una discapacidad intelectual derivada de un accidente que sufrió cuando era adolescente.

Su familia comenzó a buscarlo de inmediato, como hacen miles de familias en México cuando alguien desaparece: fueron a ministerios públicos, hospitales, al Servicio Médico Forense (Semefo), fiscalías y oficinas de búsqueda; donde entregaron fotografías, huellas digitales, muestras de ADN, testimonios y todos los datos posibles de Julio César.

Su madre no dejó de insistir un solo día. Acudió una y otra vez ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Les explicó que su hijo tenía una discapacidad mental, que era vulnerable, que necesitaba ayuda para sobrevivir. Entregó pruebas de ADN, datos personales, fotografías y hasta testimonios de personas que aseguraban haberlo visto el día de su desaparición.

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Pero nadie le hizo caso. Las autoridades ignoraron, incluso, las declaraciones de los testigos. La respuesta que obtenía siempre era la misma: no hay información.

Pasaron meses y después años. Y mientras su madre recorría oficinas buscando explicación, el cuerpo de Julio César había permanecido, todo ese tiempo, bajo resguardo de las autoridades capitalinas.

La Fiscalía de la CDMX y el Instituto de Servicios Periciales y Ciencias Forenses (Incifo) tenían el cadáver de Cervantes Cabañas. Todo esto a pesar de que contaban con sus huellas digitales, el ADN y los reportes de su desaparición.

Nadie cotejó la información y ese cuerpo, de un hijo buscado día y noche por su familia, estaba en manos de las mismas autoridades.

Finalmente, el cuerpo de Cervantes Cabañas fue entregado a la Escuela Superior de........

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