“Los colores en una ciudad dan seguridad, orientación y orden”

De un día para otro amanecimos con la Ciudad de México pintada de morado y guinda. Puentes, banquetas, columnas, bajopuentes y estructuras urbanas comenzaron a llenarse de colores, ajolotes y figuras decorativas, como si maquillar la ciudad fuera sinónimo de modernizarla rumbo al Mundial 2026.

El urbanismo serio debe tomar en cuenta movilidad, sustentabilidad, seguridad vial, drenaje, iluminación y rescate de espacios públicos. Pintar indiscriminadamente estructuras y vialidades distrae a los conductores, rompe normas internacionales de señalización y, además, utiliza pinturas contaminantes que afectan el medio ambiente y terminan en el drenaje.

También hay temas básicos de seguridad: puentes peatonales donde no se ve quién viene del otro lado; iluminación mal colocada y una ciudad donde fallan las escaleras eléctricas del Metro, colapsan vialidades y se inundan calles enteras. Esta semana, para La Razón, platicamos con el arquitecto y urbanista Felipe Leal, una de las voces más reconocidas en recuperación de espacios públicos en México.

Despilfarros en Morena

Bibiana Belsasso (BB): Como urbanista, ¿cómo ve los cambios con la pintura en la Ciudad de México?

Felipe Leal (FL): Lo interpreto como un despropósito urbano. Una ciudad no puede gobernarse con ocurrencias estéticas ni con decisiones improvisadas. Lo que estamos viendo no solamente es cuestionable visualmente, también viola normas internacionales de seguridad vial, movilidad y señalización urbana. Los colores en una ciudad no son decoración, tienen funciones específicas relacionadas con seguridad y orientación. Las cebras peatonales, por ejemplo, existen para que puedan cruzar de forma segura.

Cuando conviertes una cebra peatonal en un mural lleno de figuras, ajolotes o........

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