Por Berit Knudsen / Irán: un Estado que combate a su propia sociedad |
Las olas de protesta siguen azotando Irán. Sus calles viven el choque entre agendas estatales, consignas ideológicas y una población que exige supervivencia. Más que inflación o uso estatal de la fuerza, se evidencia la fractura entre un régimen obsesionado por el control estratégico regional y una sociedad exhausta, que dejó de reconocer la legitimidad de esos proyectos.
El detonante fue económico. A la sequía estructural se sumó la inflación persistente, la devaluación del rial y los salarios pulverizados, haciendo inviable la vida cotidiana para millones de iraníes. El estrés hídrico afectó la agricultura y los alimentos, y generó la migración interna hacia ciudades que eran incapaces de absorberla. La falta de agua resintió la economía y la política entró en sus casas. Las carencias materiales rompieron el contrato implícito entre Estado y sociedad.
La respuesta del Ayatolá, lejos de corregir prioridades, endureció el control. La represión........