El presidente de Turquía Erdogan planea reconstruir el Imperio Otomano reemplazando a Irán como el mayor patrocinador del terrorismo internacional, eliminando al pueblo judío y ocupando Jerusalén
El presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan es uno de los mayores enemigos de Israel y del pueblo judío. Al mismo tiempo está engañando al gobierno de los Estados Unidos.
Ha lanzado repetidamente ataques personales contra el primer ministro Benjamín Netanyahu, llamándolo “psicópata” y “vampiro chupa sangre” que se alimenta de la sangre de los niños de Gaza.
Los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 expusieron la doble naturaleza de Recep Tayyip Erdogan. Hay que admitir que Israel no siempre comprendió la profundidad del peligro que representa. Erdogan no es un “actor complejo” ni un “mediador potencial”. Es un enemigo declarado de Israel.
Su respuesta a la masacre –y, especialmente, su incapacidad para condenar claramente el asesinato de civiles, las violaciones, los secuestros y los crímenes de guerra cometidos por Hamás– colocó a Turquía en el lado equivocado de la historia. Más que eso: Hamás no es simplemente una organización hacia la cual Erdogan muestra tolerancia; es un socio en la cosmovisión, la ideología y la conciencia.
En lugar de una condena clara y firme, el presidente turco optó por encubrir el terrorismo, definir a Hamás como un “movimiento de liberación”, acusar a Israel de crímenes de guerra y encabezar una campaña de incitación flagrante basada en distorsiones de los hechos, mentiras y una narrativa antiisraelí y antijudía.
Erdoğan rechazó públicamente la designación de Hamás como organización terrorista. No sólo se ha reunido repetidamente con los líderes de Hamas subrayando la cálida y duradera relación entre el gobierno turco y la organización terrorista sino que ha dado asilo a los mismos y discutido con ellos para la continuación de los ataques y tiroteos contra Israel, el cierre continuo de los cruces y la necesidad de reconstruir la infraestructura de Gaza: alcantarillado, carreteras y electricidad a la vez que el ejército de Hamas.
Esta no fue una reacción emocional o momentánea, sino una política calculada, ideológica y de largo plazo diseñada para servir a una amplia agenda regional. A través de su portavoz –el periódico Yeni Safak– el hombre fuerte turco llama a Israel “el enemigo número uno de Turquía”.
Esta conducta no está desconectada de la visión más amplia de Erdogan: el neo-otomanismo. Turquía busca volver a convertirse en una potencia imperial regional, no sólo por medios militares sino también por medios ideológicos y religiosos. Erdogan pretende posicionarse como el líder del mundo musulmán sunita, alguien que establece la agenda regional y se opone tanto a Occidente como a Israel. En este contexto, Hamás constituye un activo estratégico.
La hipocresía se agudiza a la luz de los esfuerzos de Erdogan por obtener aviones F-35 de Estados Unidos, los aviones de combate más avanzados de Occidente. El mismo........
