Pando y Cantin al son de los rieles… y la Gestora como villano de utilería |
Hay que tener vocación… o mucho tiempo libre… para resistir casi 40 minutos de una entrevista donde un tema estratégico para Bolivia termina convertido en una especie de novela radial sin libreto, sin datos y, lo más grave, sin responsabilidad.
Cuarenta minutos de entrevista… No para informar, no para explicar, sino para insinuar. Porque cuando no hay pruebas, lo que queda es la insinuación. Ese viejo recurso del “yo no afirmo, pero dejo la duda flotando”, tan útil cuando el objetivo no es informar… sino instalar.
Y ahí estaban, Amalia Pando y Jesús Cantín (el director de El País), ejecutando una sinfonía de sospechas, donde cada nota parecía cuidadosamente diseñada para que el ciudadano salga pensando: “algo raro hay”… aunque nadie haya podido explicar exactamente qué.
La peor narrativa es aquella que hablan de la gran tragedia ferroviaria… sin tren. Lo curioso es que el “escándalo” gira en torno a uno de los proyectos más importantes del país: la articulación entre la red ferroviaria andina y la red oriental.
Un proyecto que, desde los tiempos del Merwin Bohan, viene siendo el sueño estructural de integración nacional.
Pero claro… ¿para qué hablar de visión país, de logística continental o de integración bioceánica… si podemos reducir todo a una sospecha mal armada?
Es mucho más fácil, poner en práctica el arte de confundir para parecer profundo… Porque si algo quedó claro en esos 40 minutos, es que cuando el argumento es débil, el recurso es enredar.
Nos hablaron de estructuras accionarias como si fueran un rompecabezas infinito: una empresa que tiene acciones en otra empresa, que a su vez participa en otra, que a su vez… bueno, ya nadie sabe en qué.
Y en medio de ese laberinto digno de Kafka versión ferroviaria, aparece el villano perfecto: “un paraguayo-venezolano”… que se animó a ponerle leña a la locomotora, cuando no habían bolivianos ni periodistas, siquiera para subirse a un vagón. Porque claro, nada vende más que un extranjero misterioso en una historia sin pruebas.
Y claro, en ese festival de insinuaciones, apareció la estrella invitada: la Gestora Pública de la Seguridad Social de Largo Plazo.
La Gestora: el “monstruo” que inventaron en cabina. Porque si algo quedó claro, es que la Gestora fue convertida —sin escalas— en la institución corrupta perfecta de una historia mal contada.
¿El argumento? Que presta en dólares… y le devuelven en bolivianos devaluados. ¿La evidencia? Silencio. ¿La explicación técnica? Brilla por su ausencia… Pero eso sí… la insinuación quedó sembrada.
Es impresionante cómo, sin el más mínimo desarrollo sobre cómo funcionan los portafolios de inversión, la gestión de riesgo cambiario, la diversificación de activos o las normativas que regulan estos movimientos, se animan a lanzar conclusiones que ni un estudiante de primer semestre de economía se atrevería a sostener sin ruborizarse.
Opinar sin saber: el nuevo estándar. Porque aquí no estamos ante una crítica informada. Estamos ante algo peor: la crítica ignorante… con micrófono abierto.
No se tomaron el tiempo de explicar: Cómo se estructuran los créditos de inversión. Bajo qué moneda se pactan los retornos. Qué mecanismos de cobertura existen. Cómo se protege el valor de los fondos previsionales. Nada… Pero igual opinan. Y no solo opinan… sentencian.
El deporte nacional: sembrar duda donde no hay conocimiento. Lo preocupante no es que cuestionen, lo preocupante es que lo hagan sin entender. Porque cuando alguien desconoce un tema, tiene dos caminos: investigar… o especular.
Y parece que eligieron el segundo con entusiasmo olímpico. Convertir a la Gestora en un “riesgo” sin explicar su funcionamiento real, no es periodismo… es irresponsabilidad con traje de análisis.
Cuando el micrófono reemplaza al conocimiento se convierte en un peligro… simplemente porque hay algo aún más delicado: la Gestora administra recursos de trabajadores. No es un tema menor. No es un juego de opiniones ligeras.
Una recomendación con algo de ironía (y bastante paciencia) Quizás, antes de convertir a la Gestora en el enemigo público del día, sería útil entender cómo funciona.
Leer, consultar y contrastar. Porque hablar de fondos previsionales sin conocer su estructura es como opinar de cirugía cardíaca después de ver una serie en Netflix. Entretenido… sí. Serio… jamás.
Periodismo de precisión quirúrgica… pero con bisturí de plástico… De periodistas a narradores de sospechas, en eso quedo Cabildeo, una verdadera pena.
Lo preocupante no es la crítica. La crítica es necesaria. Lo preocupante es cuando la crítica se reemplaza por insinuación sistemática. Porque ahí ya no estamos ante periodismo… estamos ante construcción de narrativa.
Y la pregunta es inevitable: ¿a quién le sirve que este proyecto fracase antes de empezar? ¿Quién gana cuando se siembra desconfianza sobre dos redes ferroviarias estratégicas, sobre sus autoridades, sobre sus técnicos, sobre todo el proceso?
Porque créanme… Bolivia no necesita más cuentos, necesita certezas. El tren avanza… con o sin narradores.
La integración ferroviaria no es un capricho… Es una necesidad histórica. Y si empezamos a dispararle desde ahora con sospechas mal armadas, corremos el riesgo de repetir el deporte nacional: no hacer… y no dejar hacer.
Ese mismo modelo que tanto daño le hizo al país. Ese que, curiosamente, siempre termina defendiendo la pobreza como si fuera patrimonio cultural.
Así que menos novela… y más rigor. Porque si el tren se descarrila… no será por falta de rieles… Será por exceso de micrófonos mal usados.