Puedo prometer y prometo

La muerte de Fernando Ónega, referencia del periodismo político en España, un profesional inteligente, pegado al terreno, fiable y muy trabajador, capaz de adaptarse a las distintas circunstancias, retrotrae casi inevitablemente al famoso mensaje televisivo de Adolfo Suárez en vísperas de las primeras elecciones democráticas, conocido como el de «puedo prometer y prometo». Es uno de los discursos más célebres, y que se hizo más popular, de toda la historia de la democracia. Y fue Ónega, que entonces trabajaba en La Moncloa, el que dio forma al mensaje, como hacía habitualmente preparando papeles para el presidente. Esta es una de las intervenciones públicas características de Suárez, construidas sobre una frase o giro gramatical –en este caso «puedo prometer y prometo»– que encabeza, enfáticamente, cada párrafo, como una letanía.

Este mensaje preelectoral fue objeto de atención de humoristas y críticos, pero lo cierto es que Suárez cumplió rigurosamente lo prometido. Eran tiempos en que el presidente del Gobierno no cambiaba de opinión a conveniencia y cumplía sus compromisos electorales. En aquel discurso del 13 de junio de 1977 que marcó el rumbo de España y que fue recibido con desconfianza por la izquierda, prometió, en primer lugar, «elaborar una Constitución con todos los grupos representados en las Cortes, cualquiera que sea el número de escaños» y «crear un marco legal para institucionalizar cada región según sus propias características». Prometía también «una reforma fiscal que garantice, de una vez por todas, que pague más quien más tiene». Etcétera. Se demuestra que lo que pasó después no fue una improvisación. Hacía falta una Constitución con la que pudiera gobernar igual la derecha que la izquierda.

A manera de curiosidad histórica, contaré cómo se escribió este famoso discurso del «puedo prometer y prometo». Entre los que más papeles le prepararon a Adolfo Suárez figuran Manuel Ortiz, Fernando Ónega, Eduardo Navarro, Gabriel Cisneros y Rafael Arias-Salgado. En este caso el presidente se reunió primero con Manuel Ortiz, jefe de su gabinete, y éste escribió un primer texto, que fue asumido como borrador de trabajo. A la segunda reunión asistió también Ónega, que preparó una segunda redacción del texto propuesto. Suárez hizo algunas correcciones y le devolvió el escrito. Fue entonces cuando Fernando Ónega introdujo la muletilla de «puedo prometer y prometo» y agrandó el discurso, que el presidente hizo suyo. Eran tiempos en los que en La Moncloa, adonde acababa de trasladarse la Presidencia del Gobierno por razones de seguridad, no había una muchedumbre de asesores como ahora. Sirva esta reseña para honrar la memoria de Fernando Ónega, compañero y, sin embargo, amigo.


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