Mono
El árbitro para el partido y activa el protocolo de racismo tras gol de Vinicius
El fútbol es el reflejo del mundo. Recoge en fugaces instantes, la pasión más desbordante y la decepción colectiva más dolorosa. La conquista o el naufragio. El fracaso o la gloria. El halago y el insulto. El deporte rey oculta una doble cara donde el espectáculo convive con la violencia, tanto física como verbal, conformando un tándem tan irrompible como indeseado. Una disciplina que saca pecho con campañas millonarias sobre la igualdad y la inclusión, en una pirotecnia inoperante donde la realidad deja en fuera de juego uno de los aspectos más vergonzosos de esta hipócrita sociedad: el racismo. El caso sufrido en reiteradas ocasiones por Vinicius Júnior es el espejo de una herida que sigue abierta en los estadios. Desde el "¡negro cabrón, recoge el algodón!” que le gritaban al portero del Rayo Vallecano, Wilfred Agbonbare, en los años 90 hasta hoy, los actos de racismo son parte del 'show'. Si bien es cierto que en el caso del jugador Del Real Madrid no siempre actúa de la mejor manera. El comportamiento pueril de Vini puede interpretarse como innecesario o incluso como una falta de autocontrol, que le lleva de la excelencia deportiva a convertirse en el mamarracho más lacerante. Sus gestos hacia la grada y jugadores, su lenguaje corporal desafiante y algunas actitudes provocadoras, son combustible que alimentan la tensión. Algo que jamás debe justificar la ofensa. Nada en absoluto, ni una provocación, ni una mala actitud, ni una discusión debe servir de excusa para parapetar la agresión verbal.
Vinicius debe mejorar su manejo emocional y su relación con la presión mediática. Y una cosa es reprochar sus acciones, una protesta constante o una conducta infantiloide y otra, muy distinta, es atacar a una persona por el color de su piel. Vini tiene todo el derecho a alzar la voz cuando es atacado por su raza. Su lucha no es solo personal y representa a miles de jugadores y aficionados que han sufrido discriminación en silencio.
Cuando aparecen los insultos como "mono", sonidos simiescos o referencias racistas, el debate deja de ser futbolístico y se convierte en un problema moral y social.
El fútbol tiene una responsabilidad enorme. No basta con campañas publicitarias contra el racismo; hacen falta sanciones firmes, expulsiones de por vida a quienes reincidan y una educación real desde las categorías inferiores. Mientras los castigos sigan siendo simbólicos, el racismo saldrá demasiado barato.
Noticias relacionadas y más
Mourinho acusa a Vinícius de provocar y Mbappé denuncia que Prestianni "le ha dicho cinco veces "eres un mono"
Contra la frustración
El fútbol no puede permitirse seguir mirando hacia otro lado. Insultar por el color de piel es una vergüenza colectiva. Y mientras no se entienda esa diferencia, el problema no será Vinicius, sino la sociedad que lo rodea. Si no hay reacción de forma contundente acabaremos haciendo el mono.
Suscríbete para seguir leyendo
