Porno contra la inocencia

Aumenta la adicción al porno en la población, sobre todo entre los menores / Fernando Bustamante

No se ha publicado el resultado de un curioso e inédito experimento realizado por una madre inglesa: mostrar vídeos de escenas pornográficas a dos hijos menores con el fin de alertarlos de su peligrosidad. Solo la publicación de que hubo aceradas críticas de medios de comunicación y asociaciones de padres. No se trata de ninguna novedad por cuanto se sabe de familias en tribus de Centroáfrica que se hacían acompañar de sus hijos menores mientras copulaban, en lenguaje más poético hacían el amor, con la sana idea de aprendizaje para cuando les llegara la edad. Hacerse mayores en la adolescencia y juventud. Ante el acelerado y contaminado mundo virtual actual, los gobiernos de España, Francia, Australia y Alemania proponen prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años. Solo que Alemania lo limita a menores de 14 años. Existen estadísticas que muestran como uno de cada cuatro niños de 12 años ha visionado alguna vez escenas de sexo a través de Internet. Aumentan las noticias de violaciones de menores y adolescentes a niñas. Imitación de las perversas manadas de los mayores. El colmo de un exhibicionismo patológico, el de un menor que graba la violación en grupo de una compañera para tener un recuerdo de cómo perdió la virginidad. Este comportamiento de niños y adolescentes implica a toda la sociedad. El nuevo movimiento neocapitalista atrae a consumidores de la televisión basura, pornografía gratuita, viajes a países exóticos con fines de turismo sexual barato aprovechándose de la pobreza, el hambre y una infancia desprotegida a pie de calle o conviviendo en tugurios de mala muerte. La represión sexual de antes se ha convertido en una hipersexualización por la que se ha ganado en cantidad a costa de la calidad. La pornografía erotiza la subordinación de las mujeres y las transforma en fuente de placer masculino. Hegemonía machista, violencia sexual contra la mujer y erotización simbólica práctica común en la escena internacional. Por eso no solo es imaginación ni ficción. Se alimenta de dos lenguajes: el del placer y el del poder, según la socióloga Rosa Cobo que escribe: «La pornografía está envuelta en múltiples capas discursivas que enmascaran su carácter patriarcal. El discurso pornográfico proporciona uno de los nervios ideológicos a la misoginia del siglo XX». Esa cosificación que se transmite a través de los medios, las redes sociales, la publicidad o las series televisivas a las que puede acceder cualquier menor a media tarde o en horas nocturnas de máxima audiencia. En el hogar, los padres, ajenos a cualquier peligro de intoxicación, ponen en manos de sus hijos el ultimo invento de móvil o tabla y no controlan lo que pueden ver en la soledad de su habitación o en compañía de amigos de su misma o más edad. Aquí, los mensajes y atracción maleva de pederastas. No en todas las escuelas se enseña lo que es una sexualidad sana y el componente afectivo que incluye el respeto a la compañera. La filosofía y psicología de la alteridad. El contenido curricular, transversal o Educación para la ciudadanía. Los profesionales de los centros sanitarios, pediatras, psicólogos, pedagogos y trabajadores sociales disponen de protocolos de alerta ante cualquier comportamiento desviado. Ha disminuido de forma significativa el maltrato infantil debido a una mayor concienciación de la familia, la protección y seguridad proporcionada por las instituciones. Pero, la infancia está amenazada por el acoso en las aulas, el ciberacoso de las redes, las denuncias de acosos sexuales y violaciones provocadas por hombres de la política, cineastas, actores, gente de la farándula, sacerdotes, obispos, príncipes de la Iglesia y papas, émulos de sus antecesores históricos, en la Edad media, Renacimiento y la Ilustración que tenían lugar en las sacristía o salas palaciegas del Vaticano. La inocencia de antaño cuando los adolescentes intentaban adivinar qué pasaba entre su madre y su padre y las adolescentes había que jugaban con muñecas o recortables, hoy amenazada por una ingente cantidad de estímulos sexuales que invaden la cultura popular de nuestro tiempo. n


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