La Iglesia de los papas
La Iglesia es la única institución que permanece con poder e influencia en el devenir humano a lo largo de más dos mil años. La razón teológica y alegórica se encuentra en las palabras atribuidas a Cristo de “yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”. Pero la historia no siempre es ficción. Constantino el Grande, uno de los tetrarcas elegidos por emperador Diocleciano, aprobó la libertad de culto después que tuvo la visión de una cruz, entre nubes, con las palabras, traducidas del latín de “con este signo vencerás” en la batalla de Puente Milvio contra su rival Majencio. Dos años más tarde fue ratificado por su sucesor, Teodosio, en el Edicto de Milán, que se postró, rendido a los pies del arzobispo Ambrosio.
A partir de entonces la considerada una secta más procedente de Judea se convirtió en una institución global, el catolicismo, del griego katholikós, como credo y doctrina, se hizo obligatorio en todas las provincias y colonias del Imperio. Volvió a aparecer Teodosio que, en el año 381, en el segundo concilio de Constantinopla, promulgó la prohibición total de todos los cultos paganos y que cualquier desviación herética sería considerada delito contra el Estado. En menos de un siglo la Iglesia perseguida se conviertió en perseguidora. El arzobispo de Alejandría Cirilo fue un azote contra cualquier grupo que discrepara del canon católico vigente. Ordenó quemar sinagogas, apresar a rabinos e instigó, en el año 415, a una caterva de fanáticos cristianos a apresar, torturar y asesinar, dentro de un templo cristiano, a la filósofa pagana Hipatia al tiempo que mandó destruir bibliotecas de autores clásicos consideradas un auténtico tesoro literario y humanista para la posteridad.
Sin embargo, muy cerca, al norte de África el obispo de Hipona Agustín, parece que convertido del paganismo a recibir el bautismo cristiano por su madre Santa Mónica, se erigió en una lumbrera de Teología y Filosofía inspirado en Platón y los estoicos defensores de la transcendencia e inmortalidad del alma. En tiempos del emperador Diocleciano se publicó un edicto de persecución, sin piedad, a los cristianos que murieron sirviendo de espectáculo morboso a las masas embrutecidas en los circos.
Algunas fuentes clásicas hablan de poco más de........
