Rumen Radev, el sesentón de la generación Z

Rumen Radev, primer ministro de Bulgaria.

Escribir una página sobre Rumen Radev tiene más mérito que votarle. Excepto en su país natal, donde se le apoya masivamente como primer ministro en ciernes, aunque encabece un partido en fase de construcción y de nombre tan equívoco como Bulgaria Progresista. Su idea del progreso consiste en ponerse a las órdenes de Putin, una contradicción semejante a Pedro Sánchez alineándose con Pekín y batallando contra Moscú.

Los gobernantes búlgaros parecen boxeadores desgastados, a falta de un pronunciamiento de Borat al respecto, y Radev no sirve de excepción.

Opera la misma ley fisionómica que confiere apariencia de toreros a los presidentes del Gobierno españoles, con la notable excepción de Mariano Rajoy.

El triunfo de Radev confirma que el espíritu de contradicción de los votantes es inagotable. Sofía de Bulgaria había asombrado por las protestas callejeras de la generación Z, integrada por los apenas veinteañeros. A continuación, los revoltosos depositan su confianza en un piloto militar de 62 años, en el polo opuesto de las pretensiones que les asignaría un politólogo ortodoxo.

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