Meryem El Medhati, el mestizaje
Estreno de 'Supersaurio, el musical', en el Teatro Cuyás / José Pérez Curbelo / LPR
Llegó una generación femenina con talento y vitalidad, un grupo que entiende bien el espacio y el tiempo en el que se desarrolla, sin los viejos complejos. Ella es una punta de lanza, su novela tiene mucho de crónica social, de reflexión feminista, de soledad ante las pantallas, de melancolía y de empoderamiento con mucho humor. Una chica hija de inmigrantes que desarrolla su infancia en el sur hiperturístico donde los ingleses arman camorra cuando van cargados de alcohol. Nos cuenta la experiencia de una becaria en una cadena de supermercados, describe la perturbación de los jinn que la acechan, recuerda a sus abuelos que vivían lejos de la civilización, ese Marruecos profundo de donde pudieron venir nuestros ancestros, cumple las oraciones a su Dios con toda humildad, se siente en medio de un mundo de perdedores pero es una luchadora nata, tiene conflictos con los que mandan, nadie sabe pronunciar su nombre, no fuma ni bebe aunque esas cosas la hagan parecer rarita, tiene las emociones a flor de piel y nos dice que no para de llorar pero se impone pues al cabo de los años va sintiendo que la vida es una decepción a la que tiene que vencer.
Cuando uno la lee sabe que la isla ya no es aquel mundillo cerrado y poco esperanzador que nos describió el maestro Alonso Quesada. Ella, con sus grandes gafas y su mirada serena, es el testimonio de que el mestizaje funciona, y que con él a cuestas ha sido capaz de escribir un texto admirable, una confesión que muestra sus atascos y sus supervivencias, se pone en la piel de una chica con carrera universitaria que tiene que empezar desde abajo porque las oportunidades no abundan y esto no es Alemania. Con todo, afianza su probabilidad de sobrevivir a los desamores y a todas las zancadillas de conocidos y de extraños. Su pregunta es cómo puede alguien ver salir el sol cada mañana y no creer en Dios.
Las islas tienen ese toque tercermundista de abulia y dejadez, pero si encuentras un trabajito como becaria con 500 euros podrás sobrevivir en una habitación realquilada. A la piscina de invierno vienen más de dieciocho millones de turistas pero hay gente en el umbral de la pobreza. Es el carnaval, y Quevedo va cantando a la patria en una carroza de la cabalgata. Más allá de aquel primer tema, Déjame, este hombre hace catas en su tiempo y su espacio, está orgulloso de su historia, de su ciudad, de la isla, es un pregonero. El ser canario supone vivir en medio de la aparente indiferencia hasta que un día llueve de verdad y trae el frío, ahí despiertas porque acto seguido viene una calima que te mata los bronquios, así que es necesario endurecerse. Lo importante es que ahora vienen jóvenes que tienen menos complejos, o que no tienen ni un gramo de las dificultades antiguas aunque los que manden en Supersaurio sean peninsulares y las cajeras sean de aquí o inmigrantes latinas, y los que gobiernan los hoteles son europeos germánicos o anglófilos y las que hacen las camas y sirven las copas son de aquí y han de agachar la cabeza al neocapitalismo.
Meryem tiene una escritura segura de sí misma y Supersaurio es una gozada, porque, aunque hay ciertas reiteraciones, es ágil y te reclama. Con su sonrisa y su ternura ella está ahí, dando saltos de calidad. Se está perfeccionando a pasos agigantados y no es que nos esté contando su vida, pero esa radiografía de este tiempo también incluye sus gozos y sus sombras, que son abundantes.
Está claro que estas treintañeras harán historia, no se apuntan al monocultivo de la novela negra, se expresan tal como son. Gracias a Beatriz Morales y Nora Navarro por apoyar a tanta gente valiosa.
