Anatomía del mal humor

Romería del Día de Canarias, organizada por el Club Victoria, en Las Palmas de Gran Canaria. / Andrés Cruz / ANDRES CRUZ

Hay países que tienen problemas. España, además, tiene estados de ánimo. Y últimamente uno muy concreto: el mal humor colectivo. Todo el mundo parece enfadado con algo. O con alguien. O consigo mismo.‬

No hablo de la indignación política, que en este país forma parte del paisaje como las rotondas, las obras sempiternas o las discusiones sobre la tortilla de patata. Se trata de algo más profundo y cotidiano. Una irritación ambiental. Una fatiga nerviosa. Una especie de electricidad moral que parece haberse instalado en las conversaciones, en las redes sociales, en los bares, en las familias y hasta en la forma de tocar el claxon.‬

Uno abre la prensa, escucha la radio, enciende la televisión o consulta el teléfono y encuentra desconocidos insultándose con la pasión de quienes defienden una trinchera. Incluso pedir una cita médica acaba convirtiéndose en combate urbano.‬

Hay personas que antes discutían de fútbol y ahora discuten de geopolítica energética con el mismo tono con el que se reclama un penalti en el minuto noventa y tres.‬

El mal humor se ha democratizado. Ya no es patrimonio exclusivo........

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