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A grandes males, grandes acuerdos

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15.03.2026

Fernando Clavijo, en su última intervención en el Debate sobre el estado de la nacionalidad canaria. / Arturo Jiménez

El Parlamento de Canarias celebró esta semana el debate sobre el estado de la nacionalidad, una cita destinada a analizar la situación del Archipiélago, evaluar la acción del Gobierno y proyectar las prioridades colectivas. Este ejercicio democrático se produjo este año en un contexto internacional marcado por una incertidumbre que vuelve a recordar hasta qué punto los acontecimientos globales condicionan la realidad de territorios alejados de los principales escenarios geopolíticos, como es el caso de Canarias.

La escalada bélica en Oriente Medio ha llevado al mundo a una situación de máxima tensión. El enfrentamiento entre Estados Unidos e Israel con Irán, así como los ataques y represalias que esta república islámica ha dirigido contra su entorno regional y contra infraestructuras clave para el comercio mundial, colocan al planeta ante otra crisis de consecuencias imprevisibles. El Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo, se ha convertido en un punto crítico y su equilibrio es esencial para la estabilidad económica.

La experiencia reciente demuestra que las crisis globales tienen repercusiones en las economías regionales. Ocurrió con la crisis financiera derivada del colapso inmobiliario, con la pandemia de la COVID-19 o con la guerra de Rusia contra Ucrania. En todos esos casos, territorios como Canarias, altamente conectados con los mercados internacionales y con una estructura económica dependiente del turismo y del transporte, sufrieron las consecuencias de acontecimientos aparentemente lejanos.

Esta crisis no será una excepción. El encarecimiento de los carburantes es una de las primeras consecuencias de las tensiones en Oriente Medio, y sus efectos impactan en los costes del transporte. En las Islas, esta circunstancia adquiere una dimensión trascendental. El transporte aéreo con el continente europeo constituye la principal vía de entrada de visitantes, y el incremento del precio del combustible termina reflejándose en el precio de los billetes. Lo mismo ocurre con los desplazamientos entre islas, esenciales para los residentes y el funcionamiento de la economía isleña.

A esta realidad se suma el impacto en el transporte de mercancías. El abastecimiento en un territorio fragmentado y alejado depende de las conexiones marítimas y aéreas. Cualquier alteración en los costes repercute en la cadena logística y, después, siempre, en el precio final que pagan los consumidores. Aunque el conflicto se desarrolle a miles de kilómetros, sus efectos terminan por alcanzar al bolsillo de la ciudadanía.

En este contexto, la posición de Canarias no puede ser otra que la de apostar por la estabilidad, el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos. La guerra, sea cual sea su origen o las razones que la desencadenen, siempre genera incertidumbre, destrucción y sufrimiento. La comunidad internacional necesita redoblar sus esfuerzos diplomáticos para poner fin cuanto antes a una escalada que amenaza con extenderse y con desestabilizar los ya frágiles equilibrios globales.

El Archipiélago debe prepararse para afrontar un nuevo ciclo de incertidumbre. La historia reciente demuestra que los momentos de mayor dificultad exigen respuestas colectivas y amplios consensos. En situaciones de crisis, la cooperación y la búsqueda de acuerdos amplios se convierten en herramientas esenciales para proteger el bienestar y garantizar la estabilidad.

Canarias cuenta con precedentes que demuestran que ese camino es posible. Durante la pandemia hubo acuerdos entre el Gobierno presidido por Ángel Víctor Torres y las fuerzas de la oposición, entonces encabezadas por el nacionalista Fernando Clavijo. Aquel espíritu de colaboración permitió adoptar decisiones complejas en un momento delicado y contribuyó a ofrecer una respuesta sólida a una crisis sin precedentes. Hoy, ante un escenario que vuelve a generar inquietud, la construcción de grandes pactos permitiría reforzar la capacidad de respuesta de las Islas y ofrecer mayor seguridad a la población.

El esfuerzo de consenso no debe limitarse al ámbito político. La participación de los agentes sociales resulta imprescindible. Sindicatos y organizaciones empresariales desempeñan un papel fundamental en la articulación de respuestas equilibradas para proteger el empleo, sostener la economía y mitigar los efectos de una eventual desaceleración.

En un mundo interdependiente, la fortaleza de Canarias reside en su capacidad de actuar de forma cohesionada ante las dificultades. La incertidumbre internacional exige prudencia, responsabilidad y altura de miras. Ante escenarios complejos, la unidad institucional y social es una de las herramientas más eficaces para afrontar desafíos y construir futuro.


© La Provincia