Una gran reina, una gran señora, una gran doctora

Doña Sofía, entre Fernando Clavijo y Wolfgang Kiessling. / Ángel Medina

El mar es su elemento vital y acaba de recoger el Premio Gorila en el acuario Poema del Mar. Está aquí, en Gran Canaria, como en su Grecia natal. Se define reservada y tímida, con unos nervios de acero, como ha demostrado toda su vida. Compañera del rey, leal y educada desde niña para no llorar en público, cuenta en el libro La Reina de Pilar Urbano. Rechaza el calificativo de “gran profesional” que le atribuyó Juan Carlos cuando sus caminos comenzaban a torcerse. Su vida ha sido la vida del rey, y la educación de sus hijos. Vivir para los demás, como ella lo ha hecho, “es la más alta dignidad que cabe a un hombre, a una mujer. La más buena forma de ser rey es servir”. En efecto, no hay mayor dignidad. Ha ejercido su tarea con la más alta graduación y reconocimiento. Merece el aplauso público por lo que ha contribuido al equilibrio de la Corona y de España.

Doña Sofía podría responder igual que lo hizo la reina Isabel II de Inglaterra cuando un periodista le preguntó por el mayor problema de su........

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