A veces la vida y sus versiones

Una pareja de ancianos en un parque de Barcelona junto a su perro. / David Zorrakino - Europa Press

A veces la vida tiene unos tiempos que no consigo entender. Tiempos largos y pegajosos como los caramelos de nata de la vaquita que se te enredaban en las muelas por días y que no conseguías despegar por mucho que te lavaras los dientes o te pasaras la lengua. A veces también tiene unas emociones con tentáculos largos y pesados que te llevan al fondo del mar de tus sueños, de tus dudas y de tus miedos. Hasta que recuerdas que puedes nadar y sales a flote. A veces la vida, además, te reinicia. Te actualiza el software y te cambia de escenario.

Y a veces, la mayoría de las veces, las personas que te acompañan o con las que coincides en este viaje no entienden –o no quieren entender– que ya no eres aquella a la que se le pegaba el azúcar a las muelas. No eres la misma que la que se dejaba arrastrar por un octópodo al fondo del mar olvidándose de que sabía bucear........

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