El naufragio
Carolina Darias, junto a vecinos de Ciudad del Campo / LPR
El mandato de Carolina Darias al frente del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria no terminará muy brillantemente, aunque la alcaldesa exhiba su poderío físico –así se la vio recientemente– haciendo dominadas con la sonrisa de un torturado por la Santa Inquisición. A estar alturas Darias y su equipo se agarran como un clavo ardiente y retorcido a que la ciudad consiga convertirse en la Capital Europea de la Cultura en 2031, lo que significa explícitamente que confían poco en la satisfacción de los vecinos por el funcionamiento de los servicios municipales e intentan una luminaria exterior. Van aviados. Es asombroso que los dirigentes políticos sigan creyendo en las martingalas del pasado. Ese pasado político-electoral que dictaba que cualquier luz de gas, si era lo suficientemente potente, podría iluminar a un candidato y casi asegurar un éxito apabullante. En realidad ese truco nunca funcionó. En la primavera de 1982 doctas personalidades de UCD y periodistas céntricos, centristas y centrados profetizaban que si España ganaba el Mundial de Fútbol los socialistas perderían las elecciones, porque el éxito lo podría capitalizar el Gobierno. Quien ganó el Mundial fue Italia, pero aunque la selección española hubiera quedado al mismo tiempo la primera, la segunda y la tercera, Felipe González hubiera barrido igual. Que Las Palmas de Gran Canaria consiga finalmente esa capitalidad cultural no garantiza a Darias y compañía ganar las elecciones. Pero es que una se distrae con los líos internos, con los consejos cuchicheados por Spínola el Gris mientras se acerca Sauron cargando urnas, con las arañas y termitas que dejó Augusto Hidalgo al huir al Cabildo, y apenas te queda tiempo para que las calles y plazas estén limpias, por ejemplo. Si pintaras la Metroguagua de negro la Alcaldía ya tendría coche fúnebre. Lo que ocurre es que todavía no hay Metroguagua. Ni la habrá hasta 2030, que ya se ve que es una fecha mágica en la que todas las fantasías se harán realidad.
Ahora una auditoria descubre un (muy) posible desfalco en las cuentas de la sociedad municipal Turismo LPA que se eleva a unos 128.615 euros. El análisis contable señala como hipótesis más congruente con los datos que el gerente de la empresa, Luis Rodríguez Neyra, pudo desviar esa cantidad hacia sus cuentas corrientes. La auditoría también identificó pagos a terceros por valor de unos 39.582 euros, «correspondientes a servicios presuntamente no prestados o duplicados». Bien está la auditoria, pero quedan un montón de preguntitas incómodas, como piedras en los zapatos. Si se confirma lo que aboceta la auditoria forense, ¿quién es el responsable político de este desfalco? El presidente de Turismo LPA es Pedro Quevedo, venerable aunque nada venerado concejal de Nueva Canarias en el ayuntamiento desde 2011. Quince años de edil durante los que siempre ha intentado, en las sucesivas reediciones del pacto entre el PSOE y NC, hacerse con las competencias que materia de turismo reúne la corporación. Cuando Rodríguez Neyra fue designado gerente de Turismo LPA en julio de 2020 ya estaba Quevedo ahí, como consejero de Turismo, pero al exdiputado ni le acaricia la cabeza asumir ninguna responsabilidad. Vamos, que al Gobierno de Canarias le robaron cuatro millones de euros unos lajas durante la pandemia de covid y no pasó nada y van a venirle al bueno de don Pedro con responsabilidades políticas y zarandajas semejantes. Un asunto más sobre los que Carolina Darias deberá responder a los periodistas mientras Quevedo se hace el loco o se echa a dormir, dos actividades que ha elevado a la naturaleza de una finísima artesanía.
Una gran ciudad no puede sufrir como socios políticos a tres responsables (Darias, Quevedo y Martínez Soliño) con una nula o limitada experiencia de gestión pública, ninguna a nivel municipal. No consensuaron un proyecto de ciudad, ni una estrategia de crecimiento y cohesión social, ni una modernización y optimización de los servicios, y el resultado es este naufragio penoso, grotesco, inacabable.
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