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Clientelismo interno

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wednesday

Luis Yeray Gutiérrez, alcalde de La Laguna. / Andrés Gutiérrez Taberne

Mientras avanza la guerra sin control, una guerra que puede llevarse el mundo al infierno más temido, una guerra que además sirve para castigar a los renuentes que no aplauden y se suman a quien quiere mandar a sangre y fuego y nada más, una guerra que si se sigue agravando puede golpear precios y salarios e incluso afectar al turismo en Canarias, hablemos de nuestras pequeñas cosas. A veces son tan pequeñas que asan casi inadvertidas. Uno ignoraba, por ejemplo, que por decisión del alcalde de La Laguna, Luis Yaray Gutiérrez, el único concejal de Vox está liberado. Para los puros de corazón: estar liberado supone percibir un sueldo por el ayuntamiento de unos 52.000 euros anuales aproximadamente. El PSOE ha criticado (y no le falta razón) los pactos (ciertamente muy pocos) que han suscrito C y el PP en algunos ayuntamientos con Vox. Me parece una crítica justificada. Pero la entrada de Vox en gobiernos municipales tiene o puede tener algún efecto positivo: llevar a los ultra a las tareas de gobierno y evidenciar que, más allá de sus necedades propagandísticas no son nada, ni siquiera gestores aceptables. En cambio liberar a un consejero de Vox es soltarle un buen sueldo a cambio de nada. Corrijo: a cambio simplemente a que vote a favor del gobierno municipal, especialmente en las materias más importantes.

No existe ninguna razón democráticamente defendible para justificar la decisión del alcalde. Gutiérrez llegó a un acuerdo inicial con los integrantes del grupo mixto: Unidos se Puede, Vox y Drago. Inciso curiosón: Rubens Ascanio, cabeza de lista de USP, llevó a su confluencia al peor resultado de su historia. Solo dos actas de concejal. Pero, por supuesto, no se le pasó por el tiesto dimitir. Después de años – quizás doce – viviendo del ayuntamiento pretendía seguir otra temporada más. Fueron sus mismos compañeros los que le dieron una prórroga de dos años para alcanzar un acuerdo de gobierno con el PSOE y Drago. No fue posible. Aun así, Ascanio no se marchó en junio de 2025, cuando le correspondía, sino medio año más tarde. Ahora la liberada –totalmente liberada – es Idaira Afonso, que también cultiva trienios en el consistorio, aunque ya se le pagaba un sueldito regular por presidir una comisión que básicamente no sirve para nada. Retrocediendo un poco fue en 2024 cuando uno de los ediles de Vox se largó al grupo mixto. El otro fue liberado, por supuesto. Y no solo eso: se le pagan dos asesores. El último resultó contratado el pasado año, Lucio Alejandro Gillarranz, presidente de las Juventudes de Vox de Tenerife, que actúa como secretario (sic). Viene de Granadilla y conoce tanto La Laguna como Vladivostok, por ejemplo.

¿Y Drago? Bueno, esa es la parte central del asunto. Drago obtuvo dos concejales en las elecciones locales de 2023. A los intentos de comprometerlos para un gobierno con el PSOE y USP Alberto Rodríguez –líder del partido soberanista – planteó un conjunto de políticas y acuerdos programáticos que fueron rechazados. Uno sospecha que Gutiérrez respiró aliviado: prefería sin duda pactar con Coalición Canaria y desactivar a la oposición, precisamente, nombrando liberados y permitiéndoles contratar personal de confianza. Y así lo ha hecho con todos los grupos, salvo, precisamente, con Drago, al que solo le ha tolerado un empleado con remuneración, pero sin liberar, por supuesto, a ninguno de sus dos concejales. A la ultraderecha se la mima, liberando a su único concejal y financiándole a dos cargos de confianza. Y los de Drago que se aguanten.

No, en realidad no es una minucia. Es un uso abusivo, sórdidamente abusivo, de las facultades del alcalde, una política clientelar en el seno mismo del gobierno municipal, un atropello institucionalizado. Es una forma de gobernar – en realidad de mandar -- que intenta diluir la crítica a la gestión, trivializar la adocenada política municipal y transformar la oposición en una feliz comparsa que baila bajo una llovizna de billetes.

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