Ruines anónimas
Ruines anónimas / Shamir Auyanet
En 2019, cuando estaba escribiendo mi primer poemario «largo», empezó a preocuparme muchísimo la cuestión del nombre. Qué significa tener nombre. Qué sucede cuando el yo, esa masa de hojitas, se comprime en una sola palabra que debe intentar contenerlo y se va viendo encima erosionada por las lenguas que la toquetean y la mueven como un caramelo de los de la vaca que acaba perdiendo el botoncito que tenía en el centro y volviéndose hasta cortante. ¿Te puede rajar tu propio nombre, traicionarte, impedirte ser la chiquitita persona que brilla debajo y hace fuerza para que nada la escache ni limite? Esta es, claro, la típica inquietud por la no correspondencia del símbolo, pero aplicada a algo tan sensible como la identidad propia, por otra parte siempre incomunicable e incluso, si lo pensamos, misteriosa para nosotres mismes, que también somos lo que les otres detectan que somos. Es compleja esta cosa, y es normal que tantes poetas hayan pensado y requetepensado en sus relaciones con sus propios nombres. Pienso en Alejandra Pizarnik y su «alejandra alejandra alejandra/debajo estoy yo/alejandra».
A veces, hablando........
