Distopías periodísticas

Escena 1. Reunión de periodistas en una ciudad imaginada.

- Vea, ahí va al que le dicen “El extorsionista”, ese es, y lo señala con un gesto disimulado de la boca. Tiene miedo de que alguien escuche el comentario. Entrevista a los candidatos y cuando termina les pide plata y si no le dan amenaza con hablar mal de ellos, cuenta casi en un susurro.

Escena 2. Debate de candidatos a la Cámara de Representes en Liberland.

Exalcalde: “Tenía unos ahorros y fui convencido por los asesores de prensa que tuve en ese momento, entre ellos mi primo, compramos Noticias Manizales, un portal digital que en ese momento tenía 22 mil seguidores. Hoy tristemente se puede ver cómo en Colombia se daña la honra de muchas personas a través de esos portales que mucha gente no sabe quién está detrás de ellos, donde se crean narrativas”.

Menos mal esas escenas ocurren en una ciudad imaginada, en una distopía y no en Manizales, donde el periodismo resplandece ética y profesionalmente. En donde los periodistas salen a desmentir cualquier denuncia de malas prácticas, la menor crítica, cualquier asomo de reflexión, porque no permiten tamaña injusticia, qué tal, porque es que aquí somos demasiado buenos, somos famosos por ser semillero de buenos periodistas. ¿Quién osa siquiera dudarlo?

Que los dioses de todas las religiones nos amparen de un gremio que normaliza este tipo de prácticas para nada santas, que sabe que este tipo de cosas suceden todo el tiempo y calla. Que nos amparen de hablar bajito, como si el avergonzado fuera el que denuncia actos que son delitos y no el que los comete.

Aquí no hay que preocuparse por el futuro de la profesión, por el legado, por la historia que los medios están dejando registrada. Tampoco porque políticos compren medios para mentir, para manipular a las audiencias, para dañar la imagen de sus contendores políticos. Ni muchos menos, claro que no, por el efecto de esa desinformación en la democracia. Aquí todo está perfecto. ¿Desinformación? Eso aquí no existe. ¿Democracia? Ayyy ¿qué es lo que es eso?

Ni mucho menos por la creciente desconfianza que sienten las audiencias por los medios.

Qué alivio que aquí no sea necesario hacer reflexiones sobre cómo fortalecer la calidad del servicio público que es el periodismo para aumentar su legitimidad y para, también, mejorar la calidad de vida de los periodistas, los sueldos, las condiciones laborales, la salud mental.

La Encuesta Nacional de Libertad de Expresión 2025, de la Fundación para la libertad de Prensa (FLIP), realizada a 569 periodistas y trabajadores de medios de todo el país mostró que el 56% de los encuestados gana menos de tres millones de pesos mensuales y un 45 % afirmó que el periodismo representa menos de la mitad de sus ingresos totales. Lo anterior muestra que muchos deben buscar otras formas de ingreso, pues el periodismo no les da para vivir. Eso para mencionar solo el aspecto salarial.

Pero eso pasa en otras partes del país. Qué fresquito que aquí no haya que hacer cambios de fondo porque no hay ni personas ni situaciones (como el silencio) que están socavando el oficio a tal punto que hay quienes piensan que el periodismo ya no existe.

Aquí, menos mal, seguimos siendo fieles a las tradiciones de guardar las apariencias ante todo. De esquivar las conversaciones incómodas. Porque ¡qué horror el qué dirán! Muy doble el discurso y muy manizaleño todo. Calladitos nos vemos muy bonitos.


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