Fernando Macías, el escritor de Salamina |
A pesar de estar nosotros sumidos en la modernidad, la literatura es la expresión artística que más cultores tiene en nuestro medio. ¿Cuántos escritores existen en nuestros municipios comparado con las personas dedicadas a la pintura o la actuación? Sospecho que solo los músicos logran tener una paridad con los hombres y mujeres de las letras. Seguimos escribiendo con el corazón anclado en el siglo XIX, escribiendo como si no existiese otra válvula para regular la presión de nuestras almas.
A esta conclusión llego cuando analizo la vida y obra de Fernando Macías V. de Salamina. A pesar de ser un hombre polifacético que deja huella honda y muy humana en el campo en que se empeña en participar. Muchos lo conocen como el gran experto en nuestra arquitectura vernácula, conocedor como ninguno de su historia y tradición, pero especialmente en su elaboración, porque Fernando Macías no solo habla de bahareque, sino que es un experto constructor. Otros lo recuerdan como político, en lo cual no solo desempeñó cargos, sino que estuvo de candidato, mostrando una facilidad para comunicar ideales políticos a sus electores.
Su faceta de activista organizando comandos, brigadas, marchas y huelgas es otro hilo rojo que serpentea a lo largo del almanaque de este hombre de sombrero y de gestos amables, que parece no saber emplear la palabra no, sobre todo cuando se le pide apoyo o consejo.
Mas el denominador común que establece esa alma grande e igualmente inquieta es la escritura. Para su emotividad, eje de su motivación, solo lo que él ha escrito le interesa volverlo realidad. Así que para Fernando lo que él no escribe, no existe.
Como editor he tratado a muchos escritores; la mayoría, por supuesto, de provincia, y ninguno lo he visto tan marcado por la escritura como a este albacea de la tradición de su pueblo natal Salamina. De ahí la variedad de temas que fluyen con su pluma. Macías perfectamente escribe poesía, historia, manuales técnicos, sátira y creo que sería capaz de anexarle páginas a La Biblia, porque es un hombre de una profunda espiritualidad e inspiración.
Observo en él un fenómeno llamativo cuando escribe historia. Para él no son hechos, fechas y sitios lo que determina el texto. A él lo guían por el pasado las vidas de los hombres y mujeres que perfila con su robusta pluma. Él busca y descubre al hombre y, una vez expuesto ese eje, él empotra las fechas y los lugares casi como accesorios.
En su último libro, Picotazos, premio de historia del Bicentenario de Salamina, él recrea la historia de Salamina, empatando las vidas de sus sobresalientes coterráneos. La lectura de esos Picotazos es doblemente valiosa, porque el lector logra conocer al hombre y es introducido en el territorio.
Para Macías, escribir es parte de su estilo de vida. Escribir para Macías es una dulce necesidad que el lector rápidamente nota cuando se enfrenta a sus textos. Macías escribe con cincel moliendo mármol y no una frágil pluma que talla apenas el blanco papel. Él es macizo, lleno de aristas como las montañas que lo vieron nacer.
Da gusto leer a este hombre en lo que la sensación de estar confundiendo su biografía con su obra está latente en cada página.