Como gárgola sonriente para esta Cuaresma

Desde siglos pasados entró como adorno a las edificaciones una pequeña figura un poco deforme representando a un ser humano o a un animal o bien una mezcla de ambos vivientes. Era una cabeza grande con la boca muy abierta y casi en actitud feroz, por donde salía el agua de los tejados o fuentes; era poner belleza en algo tan simple como el caer del agua; era una época que describía belleza en lo simple, que daba entornos a una línea, que adornaba con alas, plumas o serpentinas las letras de una página.

Se hicieron populares las gárgolas; en Manizales tenemos prueba de ello, por ejemplo, en la pila de Los Fundadores, en el parque de su nombre, inaugurada el 17 de marzo de 1933 con gran solemnidad y fiesta. Allí se ven rostros humanos y por sus bocas brota el agua bella y sonora; es eco del uso de gárgolas en la Europa de siglos pasados.

El templo emblemático de París, Notre Dame, es notorio en el uso de numerosas gárgolas en las esquinas de los techos por donde sale el agua que se acumula en las canales por donde el agua baja danzarina. Hay algo que llama la atención y es que muchas de las gárgolas no tienen caras grotescas o amenazantes, sino sonrientes y felices.

El gran escritor Chesterton se aventuró a dar una explicación a este singular hecho representativo. Las gárgolas sonrientes de Notre Dame simbolizan una realidad y es que quien se aferra a Dios y se une a la Asamblea llamada Iglesia encuentra los motivos centrales y suficientes para vivir la felicidad y reír y gozar de Salvación, de luz que viene de la Revelación en Cristo; que regala agua bautismal a quien desee vivir la presencia de lo sobrenatural, lo eterno, lo vital, la fuente de verdadero gozo que cubrió la tierra de aleluyas, hosannas, luces y oraciones.

La Cuaresma que la Iglesia celebra cada año es una jornada para que cada uno cambie su rostro triste, derrotado, incierto, en cara de iluminado, rescatado del mal, fuente de agua que "mana hasta la vida eterna". Cuaresma es trayecto de reflexión y restauración, de cambiar la faz vital de ruinoso, violento, injusto, orgulloso, vicioso en vida limpia, fraternal sencilla, servicial, comunitaria, justa.

Es hora de pasar de gárgola aburrida a vida plenificada por la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. No brote maledicencia, broten bendiciones y gozo. Se acerca la Pascua. Preparémonos.


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