El espectáculo ocurre en mi cabeza |
A estas alturas de la vida -a punto de cumplir 60- uno debería estar vacunado contra la ridiculez emocional. Después de todo, he sobrevivido a la moda de los pantalones campana, al servicio militar (o a la excusa para evitarlo), a los primeros celulares del tamaño de un ladrillo y a dos o tres crisis existenciales que mis tratamientos psiquiátricos citan como si fueran un clásico de la literatura. Uno diría que ya aprendió a no montar un drama por cualquier cosa. Pero no. Todavía siento que me miran. O mejor dicho: todavía mi cabeza cree que me miran. Porque, siendo sinceros, el verdadero espectáculo suele estar ahí adentro, no afuera.
No siempre, claro. Hay días en los que logro andar por la calle como un veterano de la vida, con la serenidad del que ya pagó bastantes facturas -literales y........