Hablemos de Libros: Dos viejos compadres |
No es para nada fácil poner a conversar a dos personas de su vida, de lo divino y lo humano y, menos, hacer de esas conversaciones un libro. Y no lo es porque aunque parezca una entrevista no se trata de ello.
En la entrevista, el preguntador tiene un propósito y es quien debe dominar el ritmo, el tono y que no se vaya a salir de contexto el entrevistado (o de madre). En cambio, en una conversación, si bien puede procurarse una temática o varias por capítulos, también hay espacio para la sorpresa, para lo diferente, para la deriva.
El País de España llamaba a este tipo de género Conversación objetiva, cuando un periodista propicia el diálogo entre dos personas y solo está allí para guiar, procurar que las derivas no lleven a lugares nada propicios. Después recoge todo ese material y lo presenta como lo que debe ser: una charla de amigos o de diferentes, pero más conversada, menos inquisitiva que la entrevista misma.
A medida que el tamaño de los periódicos se angosta, se hace más difícil procurar espacio para este........