Once Caldas: el dolor del error y la dulce redención
“Imposible pretender ganar sin tomar el riesgo de perder”
Lo asumió el Arriero Herrera como una decisión consciente y no como un accidente. Sostuvo su vocación ofensiva y dejó un solitario volante de marca, Jaime Alvarado, expuesto a las transiciones feroces de Santa Fe, especialista en castigar los espacios, con voracidad.
Fue, el Once, con el sello del entrenador y no dependiente del instinto del goleador. Equipo luchador, insistente, aguerrido, provocador, incómodo para el rival, pero impreciso en el último gesto, acelerado cuando se pedían pausas, turbio y sin claridad frente a la portería.
De Dayro no hubo el lucimiento en los goles como en otras tardes. Pero el blanco supo sobrellevar la adversidad temporal y........
