El Once Caldas: blanco es mi amor... sin traiciones |
Fin de año: trago, comida, rumba. La liturgia intima de los reencuentros y la memoria. Los amigos de ayer, de hoy y de siempre. Abrazos, promesas, tertulias, enriquecidas con recuerdos.
El placer de caminar por las calles, de saludar con la mirada. De explicar lo inexplicable, porque el fútbol, esa pasión infinita, es un universo misterioso y apasionante. Se siente, no se entiende.
Mi refugio de siempre, la colina iluminada. Mi Manizales del alma. Con largos y lúcidos amaneceres al pie de las teclas.
Con repaso, obsesivo, a los videos del ayer, de astros del cuero cuando el fútbol era otro. Menos ruido,........