Cuando las leyes no cuidan a quienes cuidan

En Manizales hay una madre llamada María que no ha dormido más de tres horas seguidas por muchos años. Cada noche vigila a su hijo, porque su epilepsia severa puede ser letal en cualquier momento. Ella trabajaba como vendedora ambulante. Cuando el cuidado de su hijo se hizo incompatible con el trabajo, eligió quedarse. Cuando pidió a la EPS un cuidador profesional, escuchó cuatro palabras que resumen el abandono estatal: “no hay presupuesto.” En otra casa vive Ana, ingeniera que renunció a su profesión hace una década para cuidar a su padre con retraso mental profundo. Cocina, limpia, baña, vigila permanentemente. No tiene contrato laboral. No está afiliada a pensión. Cuando su padre muera, quedará sin ahorros y sin futuro.
En las calles envejece don Jaime, un anciano de 87 años que come lo que una rifa le deja. Vive de la caridad disfrazada de........

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