Víctor Hugo Quero: Un hombre que Venezuela no puede olvidar, por Rafael Veloz García |
La muerte bajo custodia del Estado, la burocracia asesina y la deuda que la transición tiene con los presos políticos
El 7 de mayo de 2026, el Ministerio para los Servicios Penitenciarios emitió un comunicado que informaba, con la frialdad de un formulario administrativo, que Víctor Hugo Quero Navas había fallecido el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar Carlos Arvelo de Caracas. Nueve meses después de su muerte. Dieciséis meses después de su detención. Y mientras su madre, Carmen Teresa Navas, de 83 años, recorría por sexta vez las puertas de El Rodeo I preguntando por él. El comunicado llegó solo cuando la presión de las organizaciones de derechos humanos y la viralización del caso en redes sociales hicieron insostenible el silencio. No por obligación moral del Estado. Ese detalle lo dice todo.
Víctor Hugo Quero Navas tenía 51 años y vendía pantalones en el mercado de La Hoyada en Caracas. Sus amigos lo llamaban “el Ruso” por sus rasgos claros. Era el sostén de su madre: le pagaba las medicinas, los alimentos y los gastos del condominio. Funcionarios encapuchados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar —la DGCIM, señalada por la Misión Internacional de la ONU y la Corte Penal Internacional como instrumento de represión— lo detuvieron el 1 de enero de 2025 en Plaza Venezuela. Llevaba hallacas y bombones para celebrar el Año Nuevo con su madre. Lo acusaron de terrorismo, traición a la patria, asociación para delinquir, conspiración y vínculos con la CIA. Un vendedor de jeans convertido en espía internacional. El absurdo no es accidental: es el método del régimen para justificar cualquier captura.
Carmen Navas recorrió cárceles, tribunales, el CICPC, el Ministerio........