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Luis Manuel Aguana: ¿Y después del 16N qué?

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17.11.2019

Definitivamente se evidencia el nivel del liderazgo político de un país por la calidad de las soluciones que le dan a los problemas que enfrentan. A pocas semanas del ataque del Foro de Sao Paulo a la democracia chilena, el 15 de Noviembre, ya la oposición y el gobierno del Presidente Sebastián Piñera diseñaron un acuerdo político en el Congreso chileno que puso fin a lo que se consideró en la región una grave fisura a la democracia del continente, dándole un curso civil y democrático a la crisis.

Tal y como lo señala nuestro amigo Antonio Sánchez García en una de sus últimas y esclarecedoras notas acerca de la crisis en su país natal: “La diferencia, la brutal diferencia entre los gestores de lo político en Chile, respecto de Venezuela y Cuba, países estos últimos incomparablemente menos dotados, cultos, experimentados y rigurosos en los combates amigo-enemigo que suelen caracterizar la gerencia de los asuntos públicos, es que en Chile los partidos e instituciones políticas, culturales y mediáticas dominan el arte de sublimar, metabolizar y digerir sus conflictos políticos sin que sus techos se vengan abajo…” (ver Antonio Sánchez García, El despertador barbudo en https://t.co/2UHipGMQUI?amp=1).

Efectivamente, ese país no solo está más desarrollado económicamente que el nuestro, sino más desarrollado políticamente. Fue capaz de “digerir” en horas el grave problema que tuvieron, dando con la mejor solución: consultarle a la Soberanía popular, que solamente reside en el pueblo chileno, la reconstrucción del Pacto Social, y que finalmente se establece en una nueva Constitución.

Aun cuando los políticos chilenos dominen “el arte de sublimar, metabolizar y digerir sus conflictos políticos sin que sus techos se vengan abajo” como afirma Sánchez García, ¿por qué les resulta tan difícil entender a los políticos venezolanos que la solución a nuestro conflicto también pasa por la participación de los ciudadanos? ¿Por qué insistir en desatar una ruptura violenta desde adentro para provocar el cambio? Lo del 23F, 30A y ahora el 16N con una marcha sin respaldo ciudadano, pretendió encender en las calles un conflicto que terminaría, de acuerdo a sus cálculos, en un desplazamiento del poder del régimen de Maduro.

Esa insistencia de repetir y repetir lo mismo, esperando resultados diferentes, es la definición “einsteniana” de locura, como bien lo indicó el genio. Y lo más grave es que intentan aplicar la misma solución “de calle” en las peores condiciones que jamás hemos tenido los venezolanos, y que se va agravando cada día que pasa con la fuga incesante del país de cientos de compatriotas, sumada a la más grave tragedia económica........

© La Patilla