Banco Central de Venezuela: de la autonomía al nepotismo y la antipolítica, por José Gregorio "El Gato" Briceño

Dentro de las clásicas triquiñuelas de la dictadura venezolana, iniciada por el traidor mayor, hoy felizmente difunto, está el secuestro intencional de las estadísticas. Obviamente que la idea es esconder esos datos y gráficas que arrojarían puras líneas rojas en franca picada batiendo récords mortales para un país que es hiper millonario en riquezas, claro, sobradas razones tienen ya que esto desnudaría a los más inmensos y descarados ladrones oficialmente.

Y es que este es el gran robo, el que no sale en las noticias porque no tiene cara de robo. No hay pistola, no hay fuga, no hay escándalo inmediato. Es el robo de las instituciones: el que se hace despacio a cielo abierto, con decretos y nombramientos, metiendo a los “ leales” en los puestos claves hasta que nadie recuerda cómo era eso cuando funcionaba de verdad. Repito, es el robo más caro de todos porque no te quita lo que tienes, te quita lo que podrías haber tenido.

Este contexto histórico nos lleva a los años previos al chavismo (1958-1998) el Banco Central de Venezuela (BCV) fue una institución de enorme autoridad y prestigio. Sus informes mensuales y anuales eran unánimemente respetados por los sectores público y privado, su personal contaba con una excelente formación académica, se pagaban sueldos competitivos y la institución era reconocida como una verdadera escuela de formación de cuadros técnicos y económicos. En aquellas décadas, el BCV........

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