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Médicos sin rostro y sin juramento hipocrático: la medicina en El Rodeo I, por Joel García Hernández

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17.09.2026

Uno va al médico buscando un respiro. Alguien que mire los síntomas, que alivie el dolor, que cumpla la promesa elemental de cuidar la vida. Pero en El Rodeo I, ese penal de máxima seguridad en Guatire donde el control militar no deja rendijas sueltas, cruzar la puerta de la enfermería produce el efecto opuesto: pavor.

Allí la salud no repara. Se usa para quebrar.

A los presos políticos no los atiende un médico común y corriente. Olvídate del carnet visible, del nombre en la solapa o de una cara descubierta. El personal de salud aparece con pasamontañas tácticos, capuchas o tapabocas reforzados, respondiendo únicamente a alias de combate. Buena parte de ese equipo viene directamente del Hospital Militar Universitario Dr. Carlos Arvelo (HMUCA) de Caracas. Operan bajo el mando de un coronel técnico del servicio de sanidad militar, en un entorno donde cualquier rastro de ética médica quedó sepultado bajo el secreto penitenciario.

La bienvenida: asfalto ardiente y agujas a ciegas

La distorsión empieza desde el minuto uno. Apenas un recluso cruza la reja perimetral, el protocolo de ingreso se encarga de anularlo por completo: lo arrodillan sobre el asfalto hirviente de Guatire, con las manos esposadas a la espalda y un trapo oscuro, una capucha en la cabeza que le roba toda visión. Sin agua para beber. Sin bocado. Bajo un sol inclemente que cae como plomo.

En esa posición humillante arranca lo que llaman “revisión médica”:

*Tactos invasivos a ciegas: inspecciones corporales e invasiones genitales mientras el hombre sigue arrodillado, ciego e inmovilizado.

*Pinchazos anónimos: inyecciones de supuestas “vacunas” o compuestos líquidos de los que........

© La Patilla