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Humberto García Larralde: Cuando no hay límites morales

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Observar la reacción de algunos implicados, a raíz de la captura de Nicolás Maduro y de Cilia, ayuda a comprender la situación en la que nos encontramos. La conducta del propio dictador entrando a la custodia dando “feliz año” en inglés a sus captores y luego en la corte añadir, cuando el juez le pidió identificarse como Nicolás Maduro Moros, “presidente constitucional de Venezuela … inocente y decente”, muestra a alguien aislado en sus ficciones, absolutamente desubicado. Pero no es que no captase la realidad en que se encontraba, sino que, para él, asume un sentido totalmente distinto. Como las veces que se filmó bailando mientras sus esbirros asesinaban manifestantes en las calles o, hace apenas un mes, ante la amenaza inminente de una acción en su contra desde la armada gringa sitiada frente a nuestras costas, para mostrar su indiferencia. Conducta psicópata, sin duda.

Hay que preguntarse por las razones de tal comportamiento patológico. Para ello, es conveniente retornar a Hannah Arendt. En su monumental obra, Los orígenes del totalitarismo, describe el terror impuesto por una realidad basada en una ideología entendida como ideario blindado, innegable, a partir del desarrollo lógico exhaustivo de una premisa inicialmente asumida como verdad absoluta. En esta óptica, no es la realidad fáctica, lo que es, la que proporciona los criterios para discernir lo que es cierto o falso. Menos aún sirve para abogar por un “deber ser” social. El único referente para distinguir lo correcto de lo incorrecto, es decir, para toda consideración moral, es ese ideario blindado. Este es el caldo de cultivo para la banalidad de individuos aparentemente anodinos, incapaces de distinguir entre el bien y el mal, y la maldad extrema a que conducen sus acciones. Arendt se refería, claro, a ideologías monolíticas como el marxismo-leninismo y el nazismo, pero su razonamiento vale para cualquier fundamentalismo que no admite otra realidad que la suya.

En ausencia de una base doctrinaria, no puede definirse al chavismo como movimiento ideológico. De una infatuación inicial con un líder mesiánico autoproclamado segundo Libertador y salpicada, luego, con consignas de la mitología comunista, se arribó a un ideario que reivindicó como únicos patriotas legítimos a los partidarios de Chávez. Éstos se arrogaron, por tanto, los llamados a decidir los destinos de la nación. Justificó un ejercicio maniqueo del poder que discriminó con violencia a quienes disentían. Un constructo claramente fascista, amparado en el poder de las armas y la criminalización de todo reclamo de que se cumpliesen los derechos consagrados en la constitución. Derivó en el convencimiento, de parte de los que controlaban el Estado, de que eran los dueños de Venezuela. Y, como era de esperar, asumió una forma claramente patrimonial: las riquezas del país son para su provecho discrecional. Sobre este arbitrio se........

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