Fredy Rincón Noriega: Las Catilinarias de Francisco Javier Yanes, hijo |
«Guerra doméstica queda, asechanzas dentro, peligro encerrado dentro, enemigo dentro. Contra el lujo, contra la demencia, contra el crimen debemos combatir».
Marco Tulio Cicerón, Segunda Catilinaria, 63 a. C.
El 8 de julio de 1835, durante la Revolución de las Reformas contra el presidente José María Vargas, Francisco Javier Yanes hijo publicó en Caracas una serie de cartas dirigidas a un amigo bajo el título Epístolas Catilinarias sobre el 8 de julio. Las firmó con la inicial «W».
El título remitía a los discursos pronunciados por Marco Tulio Cicerón en Roma, en 63 a. C., contra la conspiración atribuida a Lucio Sergio Catilina, un aristócrata endeudado y derrotado en sus aspiraciones al consulado. Con el tiempo, «catilinaria» pasó a designar un discurso de acusación o censura pública. Yanes, hijo, casi diecinueve siglos después, empleó esa tradición retórica para denunciar ante la opinión pública un complot dirigido, contra un gobierno legítimo.
Durante mucho tiempo se atribuyó el célebre opúsculo a Juan Vicente González. Sin embargo, Manuel Pérez Vila estableció que el verdadero autor fue el hijo del ilustre abogado, periodista, escritor, historiador y firmante del Acta de la Independencia de Venezuela del mismo nombre: «No fue González su autor, sino Francisco Javier Yanes, hijo. A este, pues, se le adjudican ahora las Catilinarias de 1835; lo cual en nada disminuye el interés de ese alegato adverso a los jefes reformistas» (Pérez Vila, 1978, p. 145)
El escrito es un alegato contra los dirigentes de la insurrección y una defensa del gobierno de Vargas. Su interés histórico reside en la defensa contemporánea de la república, el orden constitucional y la autoridad civil frente a la intervención armada en la organización del Estado.
Las notas traen incorporado un antecedente significativo. Transcribió el protocolo de las conferencias sostenidas, entre 1829 y 1830, por los comisionados del Congreso Admirable, encabezados por Antonio José de Sucre, y los representantes del jefe superior de Venezuela, Santiago Mariño.
El Gran Mariscal de Ayacucho propuso que, por un lapso no menor de cuatro años, ningún general en jefe ni otro general que hubiese ocupado altos empleos entre 1820 y 1830 pudiera ejercer la presidencia o vicepresidencia de los nuevos Estados surgidos de la disolución de Colombia. Mariño rechazó la iniciativa. Sostuvo que los nombramientos futuros serían libres y exentos de influjo personal, atendiendo solo a la causa nacional.
Cinco años después, Mariño........