Cuando estudiar dejó de valer, por Freddy Marcano |
Durante décadas, estudiar en Venezuela significó mucho más que obtener un título. Era una forma de movilidad social, una posibilidad de mejorar las condiciones de vida y también una herramienta para construir ciudadanía. La escuela, el liceo y la universidad formaban parte de un proyecto de país que entendía la educación como una inversión pública y como un mecanismo para abrir oportunidades. Hoy esa realidad se ha deteriorado profundamente. No se trata solamente de salarios insuficientes, escuelas en malas condiciones o universidades con presupuestos precarios; el problema es algo más profundo: la pérdida progresiva del valor social de educarse. Este deterioro debe ser analizado como parte de un proceso mayor de desinstitucionalización que ha afectado distintas áreas de la sociedad venezolana.
La llamada masificación educativa fue presentada durante años como uno de los grandes logros del modelo político iniciado en 1999. Ampliar el acceso a la educación era, en principio, una aspiración legítima. El problema aparece cuando la cantidad termina sustituyendo a la calidad y cuando la expansión de la matrícula no está acompañada por docentes bien remunerados, infraestructura adecuada, evaluación, formación y autonomía institucional. La educación puede llegar a más personas y, al mismo tiempo, perder capacidad para transformar sus vidas. Como han estudiado investigadores venezolanos como Luis Bravo Jáuregui,........