Antonio de la Cruz: El enemigo de la transición es el tiempo
Venezuela puede haber comenzado a desmontar la organización criminal. Eso no significa que haya construido todavía una democracia.
Hay una forma relativamente fácil de reconocer el final de una dictadura en las películas. Las estatuas caen. Las multitudes ocupan las plazas. Los presos salen de las cárceles. Las banderas reaparecen en los balcones. Alguien anuncia elecciones y la palabra libertad, repetida durante años en clandestinidad, vuelve a pronunciarse en público.
Las transiciones reales son diferentes.
Un régimen puede perder a su líder y conservar sus jueces. Puede perder una elección y mantener el aparato electoral. Puede aceptar una negociación y conservar la burocracia, los servicios de seguridad, los contratos, las empresas públicas y los mecanismos mediante los cuales recompensa a sus aliados. Puede incluso permitir una prensa algo más libre mientras espera una oportunidad para volver a cerrarla.
Venezuela se encuentra ahora frente a esa situación en el Estado tutelado.
La fase de transición iniciada el 1 de agosto busca reconstruir cuatro pilares: el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, las libertades políticas y la libertad de expresión y de prensa. El objetivo final es mucho mayor: abandonar el actual Estado y llegar a unas elecciones generales en 2027 capaces de producir un gobierno con legitimidad democrática. Pero entre ambos momentos existe un territorio peligroso. Y ese territorio se llama tiempo.
La autocracia después del autócrata
Durante décadas, el chavismo no construyó solamente un régimen. Construyó un sistema.
El poder dejó de residir exclusivamente en Miraflores y se distribuyó entre tribunales, autoridades electorales, Fuerzas Armadas, burocracias, empresas estatales, medios de comunicación, redes económicas y mecanismos de coerción.
Esta distinción importa porque explica una paradoja común a muchas transiciones: se puede conquistar la legitimidad antes de conquistar el Estado.
Pensemos en Venezuela como un tablero de juego Go y no como uno de ajedrez. En el ajedrez, la partida termina cuando cae el rey. En Go, eliminar una pieza determinada importa menos que controlar suficientes intersecciones del tablero y rodear más territorio que el oponente en el tablero. La transición venezolana funciona de manera semejante.
Un tribunal independiente es una intersección. Un árbitro electoral legítimo es otra. Una prensa libre, otra.........
