La trampa del salario: Por qué la universidad debe apostar por una reinvención financiera audaz, por Abraham Sequeda
La trampa de discutir solo salarios en lugar de costos operativos reales ha puesto siempre a la universidad en una posición de debilidad frente al Estado. ¿La universidad cayó en la trampa del «Monstruo»?
El «monstruo» (el poder) logró su meta: nos encerró en una narrativa puramente salarial. Durante 25 años y más, la lucha universitaria se ha centrado casi exclusivamente en sueldos, bonos y reivindicaciones. Creímos que las normas sobre homologación de sueldos serían un escudo eterno contra la inflación, y ese fue un error estratégico imperdonable de esa época; ni hablar de la regresiva y lesiva primera convención colectiva única de 2013.
El punto ciego lo constituyó el hecho de que ningún gobierno podrá sostener una universidad basándose en el pago de nóminas, menos aún; agregando la carga de los pasivos laborales y jubilaciones. Mientras pedimos abonos en cuenta, ignoramos el dato que realmente incomoda al poder: ¿Cuánto cuesta realmente graduar a un estudiante hoy?
¿Por qué no hablamos de estructuras de costos? Nadie expone cuánto cuesta el servicio eléctrico, el transporte, el comedor y, fundamentalmente, el sueldo de un profesor de calidad para formar a un solo profesional. El salario docente no debe verse como una dádiva estatal, sino como un componente crítico e inseparable del costo de producción del conocimiento. Una universidad que conoce lo que cuesta producir puede........
