Los tiempos nos encadenan; pero no hay excusas para la tortura
Se comenta que el tiempo es un gran maestro; lo diabólico es que nos va encadenando hacia un horizonte desordenado y conflictivo, donde prevalece la desconfianza hacia el semejante. Por desgracia, la cultura del abrazo sincero, la mano extendida hacia el otro, ha dejado de cohabitar en nuestros espacios mundanos, haciendo de la vida un verdadero calvario. Necesitamos, hoy más que nunca, curar heridas. No perdamos más segundos de nuestra existencia en batallas absurdas; que, al fin, todo se descubre en un momento, porque el instante es la continuidad de lo vivido, pues une lo pasado con lo que queda por venir. Por tanto, dejemos de torturarnos, con atmósferas de trato cruel, inhumano o degradante y busquemos en nosotros vías de entendimiento, con la ruta del corazón.
Las cadenas del desorden nos están dejando sin aliento, hasta el extremo que el mismo orden internacional se ha vuelto cada vez más descompuesto y fraccionado, en parte debido a nuestro estado de podredumbre interna.........
