Del temor a Dios y al ridículo
En enero de este año expresé, igual que Abelardo de la Espriella, cuando arrimé al reparto del miedo, ya era tarde y me quedé sin conocerlo. Me resigné a temerle a Dios y al ridículo.
Una de las maneras frecuentes de hacer el ridículo, es fabricar paranoias, creérselas e imponérselas a los demás a la brava como pretendía el paranoico presidente Aureliano.
Sí, porque una paranoia es según la RAE una anormalidad de la mente humana mediante la cual, cualquier persona jura que todo el mundo lo envidia y lo persigue porque es muy inteligente, culto, fuera de lo común y, en consecuencia, inmenso y desconfiado.
Pero más ridículo aún es que el paranoico descubra su anormalidad y no la supere, cierre los ojos para prolongarla y justificar el régimen que lo escogió y que pretende........
