Del amor y otros demonios
Mientras el pasado miércoles el mundo en Davos asistía al show de Donald Trump —quien, muy a su estilo de "negociante de barrio", amenazaba con enviar una misión militar a Groenlandia si no le soltaban la isla—, la geopolítica se jugaba como un tablero de ajedrez de alto nivel. Entre apretones de manos con Milei y desplantes a la ONU, el magnate lograba que Wall Street celebrara y el dólar sacara pecho. Todo muy cosmopolita, muy de "nuevo orden", mientras el Ártico se derrite y las potencias se pelean por los minerales como mirlas por un mango biche.
Tras haber aceitado la maquinaria y conseguir uno que otro guiño, Trump estampó su firma el jueves en la Carta Fundadora de su Consejo de Paz. Este nuevo "aparato" nace con más dudas que certezas, pero con la promesa de........
