Leer en movimiento

La lectura y los medios de transporte tienen una inexplicable sinergia que marida en perfecta sincronía. Salvo cuando el que está tras el volante eres tú, en cuyo caso no deberías hacerlo mientras conduces (aunque suene obvio lo digo por mera precaución legal, consejo de mi abogado, que soy yo mismo), leer en movimiento es uno de aquellos placeres sencillos que no necesitan demasiada logística para satisfacernos. El porqué de que esta simbiosis tan exquisita entre letras y velocidad funcione constituye todo un enigma para mí, como el hecho de que la menta y el chocolate vayan bien juntos, parejas improbables que, contra todo pronóstico, demuestran ser tremendamente exitosas.

El rey indiscutible, por supuesto, es el avión, pues su industria ha sido la única que ha conseguido........

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