Aún estamos a tiempo

El panorama político actual nos deja una lección tan clara como dolorosa: mientras la izquierda entendió el valor estratégico de la disciplina y la unidad, la derecha terminó atrapada en el laberinto de sus propios egos. Hoy, a las puertas de una definición crucial, las consecuencias de ese error están pasando factura.

Para corregir el rumbo, hay que reconocer, con absoluto realismo, los aciertos del adversario. Durante los últimos cuatro años, bajo el gobierno de Gustavo Petro, la izquierda se dedicó a construir un proyecto común. Por supuesto que hubo tensiones, diferencias y disputas internas, pero sus dirigentes entendieron que la supervivencia de su proyecto político dependía de actuar como un bloque.

Los resultados están a la vista. Lograron consolidar una fuerza cohesionada al servicio de un objetivo de largo plazo. Entendieron algo elemental en política: las diferencias personales pueden esperar cuando lo que está en juego es la conquista y conservación del poder. Esa disciplina les permitió llegar unidos a una elección decisiva, algo que la derecha fue incapaz de hacer.

La derecha hizo exactamente lo contrario. Prefirió la fragmentación. Cada sector defendió su parcela, cada liderazgo se creyó indispensable y cada........

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