Felices a la fuerza |
En 1932, Aldous Huxley publicó Un mundo feliz. Allí imaginó un Estado que hacía felices a sus ciudadanos de manera tan perfecta que estos dejaban de necesitar la libertad. Anticipó una sociedad como una gran cárcel sin muros, en la que a los presos jamás se les ocurriría escapar. Pero no llegó a imaginar impuestos “saludables”, ni la distancia mínima obligatoria entre droguerías, ni el huevo de gallina libre de jaula, también obligatorio.
Ahora el Estado quiere ordenar qué come la gente, qué toma, a qué distancia vive de su farmacia y cuál es el grado de libertad de las gallinas que ponen los huevos que consume. En Islandia decide, incluso, cómo deben llamarse los niños. Existe una lista oficial y, si alguien quiere un nombre distinto para su hijo, debe........