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Nuestras manos gotearán sangre mientras persista nuestra complicidad silenciosa 

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05.04.2022

Tenemos nuestras manos manchadas de sangre y nada hacemos para remediarlo; peor aún, no nos damos cuenta de este hecho irrefutable. Seguimos pensando que las guerras generadas por el gobierno estadounidense son ajenas a nuestra realidad y actuamos como si nosotros, ciudadanos de esta nación, no tuviéramos ninguna responsabilidad al respecto.

Se supone que Estados Unidos es un modelo de democracia para el mundo, un país donde el pueblo elige a su gobierno y, en consecuencia, todo lo que hacen sus dirigentes —republicanos o demócratas— es responsabilidad de todos los que votan y de los que no.

En ese sentido, todo lo que haga el ejército estadounidense es en nuestro nombre. Entonces, por ejemplo, lo que pasó en Irak (460,000 personas muertas), las mentiras, los daños, las muertes, incluso los decesos de nuestros 4,000 hermanos, hijos, padres, madres, hermanas que enviamos a combate, también recaen sobre nuestros hombros. No podemos olvidarlo o ignorarlo.

Desgraciadamente, Estados Unidos se ha involucrado en conflictos desde la Segunda Guerra Mundial con base en mentiras o verdades a medias, información que años después es revelada para comprobar que gobierno, políticos o supuestos expertos han mentido. Pero para ese momento ya es demasiado tarde, los medios no le dan la importancia merecida y la información pasa a ser considerada por la opinión pública solo como “lamentable”; incluso algunos medios dirán que no se dieron cuenta, que no sabían y que ellos también fueron víctimas de las mentiras del gobierno, cuando en algunos casos fueron cómplices.

De ese tamaño es nuestra responsabilidad. No podemos pensar que la guerra que ahora mismo estamos incendiando con armas y dinero en Ucrania simplemente es una “invasión rusa”. Creer en la versión del “héroe” y el “villano” es demasiado infantil; de tal modo que seguir creyendo en las mentiras que los medios de comunicación masiva -ligadas al gobierno- brindan respecto a la guerra ya no es sorpresa. Pero la pregunta es: ¿Qué hacemos nosotros para no caer en su juego?

Algo sorprendente es que prácticamente desde 1945 nuestras fuerzas armadas no han........

© La Opinión


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