La modelo con dos coletas

Israel bombardea puentes en el sur del Líbano

He robado el título de esta columna a una compañera a la que también podemos leer en las páginas de este periódico: Andrea López-Tomás. Desde El Líbano, lleva meses (y años) informando de lo que allí ocurre, y transmitiendo con una sensibilidad única y que merece ser destacada lo que están viviendo miles de personas en Oriente Medio. Sus crónicas y sus publicaciones son de esas que no hay que perderse, que habría que obligar a la sociedad (sobre todo a una parte) a leer.

Hace unos días, en su Instagram, hablaba de esa modelo con dos coletas que posaba ante su cámara en medio de la desolación y justo delante de unos plásticos, reconvertidos en una especie de tienda de campaña, en los que vive con su familia tras verse obligados a huir de su casa. A pesar de todo, la pequeña sonreía mirando al objetivo. Una felicidad quizás efímera, pero real, porque su corta edad aún le permite tener la inocencia de no saber con exactitud qué es lo que está pasando.

Mientras nosotros "sufrimos" la subida de precios que conlleva la guerra, no sé si realmente nos paramos a pensar que miles de personas duermen a la intemperie tras perder sus casas bajo los escombros y los ataques, viven con el miedo dentro del cuerpo escuchando de forma constante drones y explosiones. Niños y niñas que, entre la incertidumbre, e incluso el hambre, solo quieren seguir jugando… y seguir siendo niños. Algunos de ellos, muertos de frío cuando cae el sol, lo que piden a quien quiera escucharlos es algo de abrigo. Nadie, nunca, debería pasar por lo que están pasando ellos.

La guerra realmente se resume así, en sufrimiento y dolor. Y no para los que la provocan, si no para todos los demás, que son los que lo pierden todo por la avaricia de unos pocos. Por suerte sigue habiendo profesionales como Andrea que cuentan y dejan testimonio de la situación. Y que consiguen, además, remover las tripas y tocar el corazón a los que le seguimos desde la distancia. Andrea aseguraba que no es capaz de olvidar la mirada dulce de esa niña que posaba en manga corta "con sus brazos tiritantes" delante de su cámara y pedía un jersey. Ojalá esos ojos se les clavaran a todos los que defienden que las guerras tienen sentido.

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