Tenemos un problema

Archivo - Archivo.- Ansiedad, depresión, tristeza, salud mental. / INTERNATIONAL SOS - Archivo

Según datos de la OMS -Organización Mundial de la Salud- España ocupa el primer puesto del mundo en consumo de benzodiacepinas (uno de los psicofármacos más utilizados para tratar la ansiedad, el insomnio…), con una tasa de consumo diario que supera las 110 dosis por cada 1000 habitantes; tasa muy por encima de la que tienen la mayoría de los países europeos, entre los que solo algunos, como Bélgica o Portugal, con consumos cercanos a 80/1000, se acercan a nosotros. Alemania y Reino Unido, por ejemplo, no llegan a las 10 dosis diarias por cada 1000 habitantes.

A juzgar por la información referida, podríamos decir que en España tenemos un serio problema que afecta a la salud mental de buena parte de la ciudadanía, siendo las personas de cierta edad, y sobre todo mujeres, las que más benzodiacepinas consumen.

Pero lo más preocupante de todo es que los estados de ansiedad, inseguridad, baja autoestima… están empezando a darse con mucha frecuencia entre los más jóvenes, lo cual sí que es un tema que a todos, como sociedad, nos debería preocupar, pues se trata de la salud y el equilibrio emocional de quienes más necesitados están de atención, ya que, en el periodo en que se encuentran, en pleno desarrollo de sus capacidades y de la personalidad, son los más vulnerables ante las agresiones, el ciberacoso… que pueden padecer, bien directamente -en los colegios, en la calle, en los centros de reunión..- o a través de las redes sociales, cuyo uso en esas edades está desbocado.

Según expertos en la materia, tal problema se debe a que vivimos en una sociedad demasiado comparativa, competitiva y estresante, en la que el exceso de información a que todos podemos acceder hace que, en el caso de los más jóvenes, al carecer de recursos para saberla gestionar, se sumerjan en un mar de dudas en el que no pocos zozobran y algunos llegan a naufragar. El excesivo consumo de bazofia por los más jóvenes y la cantidad de horas que pasan diariamente "enganchados" a sus canales favoritos les crea una adicción de la que, a poco que se descuiden, no podrán salir si no es con la ayuda de especialistas -psiquiatras y psicólogos- que, por cierto, escasean. Por eso, o "nos ponemos todos las pilas", y de manera muy especial quienes tienen responsabilidades de gobierno para tratar de atajar el tema, o más pronto que tarde sufriremos de cerca la dureza de la dependencia y depresión en que puedan caer personas cercanas a nosotros mismos, a las que veremos con tristeza, rabia e indignación cómo se desmoronan ante un problema que no es baladí.

Y si a todo lo dicho le sumamos las desafortunadas formas como nos estamos enfrentando a los estados de nerviosismo, inseguridad, ansiedad, alteración del sueño… que generan determinadas situaciones de carácter familiar, laboral, escolar, emocional, etc., que, por desgracia, son tan frecuentes en todos los ámbitos de la sociedad actual, y la facilidad con que podemos acceder a la prescripción de esos medicamentos, conocidos como psicofármacos, a pesar de que su uso continuado puede tener efectos secundarios muy difíciles de subsanar, pues ya me dirán ustedes si el panorama que se nos avecina no es para que debamos reaccionar ya.

Los que saben de esto aconsejan ponerse a trabajar en la redacción de normas que puedan regular el uso de las redes sociales, y en programas que tengan como finalidad enseñar a reflexionar, relativizar y priorizar a los más jóvenes en todas y cada una de las situaciones que les puedan sobrepasar, para que sepan incorporar tales tareas a sus rutinas diarias, por lo beneficioso que les puede resultar saberlas manejar.

Pero como dichas tareas no siempre son sencillas de aplicar, permítanme recordarles algunas máximas que a todo el que las ha puesto en práctica le han ayudado a mejorar:

Intentar ordenar nuestros pensamientos y, sobre todo, tratar de alinear con ellos nuestras palabras y nuestros actos, puede funcionar. Como también funciona aquello que reza: "ante las preocupaciones, ocupaciones".

No obstante, nada mejor que esforzarnos en aprender a pensar siempre en positivo, teniendo presente que, por lo general: "Cuando una puerta se cierra, otra se abrirá".

Y porque si no lo digo reviento, permítanme también que para finalizar diga:

Señoras y señores del Gobierno ¿A qué esperan para dejar de crispar a la sociedad, cuando lo que todos queremos y necesitamos es que se pongan ya, y de una vez por todas, a trabajar de verdad por los demás?

Suscríbete para seguir leyendo


© La Opinión de Zamora