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Faltaba buena voluntad

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El hemiciclo del Congreso de los Diputados. / EFE

Desde que Sánchez se erigió en portavoz principal del equipo de expertos que, según él, lidió a diario contra la Covid-19, hace ya seis años (equipo que, como pudimos saber tiempo después, nunca existió), por unas causas o por otras, no he podido sustraerme a la obligación que contraje con todos ustedes, estimados lectores, de darles mi opinión acerca de las "hazañas" del presidente que, también según él mismo vaticinó, pasaría a la historia como el que exhumó a Francisco Franco del Valle de Los Caídos. Como ya he dicho en más de una ocasión, servidor es de los que creen que Pedro Sánchez pasará a la historia, por méritos propios: mentiroso, sinvergüenza, impostor, cínico, embaucador, hipócrita…, como el peor presidente que ha tenido España desde que se reinstauró la democracia, allá por 1978.

Desde entonces llevo escribiendo para este espacio de opinión, fundamentalmente, dando las mías acerca de lo que acontece en el ámbito de la política nacional y, créanme si les digo que, sigo haciéndolo porque son muchos de ustedes los que me piden que no deje de hacerlo, ya que, según me han comentado algunos, se sienten muy identificados con lo que digo. Si no fuera por ello, hace tiempo que habría dejado de escribir pues, y lo digo con absoluta sinceridad, cada día que pasa me asquea más sumergirme en las turbias aguas por las que discurre la actividad política nacional; una actividad en la que, a pesar de que son muchos los que se implican con vocación de servicio, los que llevan la voz cantante están cada vez más instalados en la crispación y en el "y tú más", lo cual es un síntoma evidente de la decepcionante deriva en que están inmersos, sino todos, si la mayoría de los partidos que tienen representación en las cámaras legislativas. Tal deriva hace que los ciudadanos de a pie estemos cada vez más hartos y asqueados de la bazofia en que se está convirtiendo el debate político nacional, fruto del ruin desempeño de las funciones que tienen a su cargo los que, muy a nuestro pesar (¿para cuándo las listas abiertas?), elegimos cada cuatro años, dicho sea de paso, porque tenemos que hacerlo.

Por lo referido, y porque cada vez son más insoportables tanto las sesiones de control al Gobierno que habitualmente tienen lugar los miércoles en la cámara baja -por lo que de espectáculos bochornosos suelen tener- como las comisiones de investigación que, sea cual sea la causa, se montan en el Congreso y en el Senado, no para investigar nada, pues, ya se sabe, los investigados se abonan al "no me consta" o "no lo recuerdo", como si de amnésicos totales se tratara, sino para dar caña al adversario intentando ponerle en evidencia -cosa que normalmente no se consigue-, es por lo que los ciudadanos estamos hasta el gorro de la actividad política nacional, y pensando en que no estaría de más que, de cara a las futura elecciones, nos planteáramos una abstención total. Una abstención que pudiera ser un toque de atención para que los políticos se sintieran reprobados, en general, y se conciencien de que algo, o mucho deberían cambiar para que el pueblo pueda sentirse un poco más protagonista del devenir del país.

Y si de bochornosas se pueden tildar las sesiones citadas ¿qué decir de los comentarios que a través de las redes sociales hacen algunos políticos y no pocos "mandaos", y de cómo se les va la lengua a algunos en las tertulias televisivas o radiofónicas que, con marcado sesgo político, tanto están proliferando?

Hoy en día, toques el palo que toques de la política nacional, no es que puedan saltar chispas, no, es que te puedes "quemar" oyendo a unos y a otros disertar: los unos, sobre lo bien que lo están haciendo, y los otros, sobre lo intolerable que resulta ser todo lo que hacen aquellos a quienes les toca gobernar.

Aquí no hay medias tintas, ni las habrá mientras la actividad política siga siendo cosa de personas cuyo único objetivo es llegar al poder para arrasar con todo lo que hayan podido hacer quienes les precedieron. La política de consensos forma parte del pasado, y así nos va.

¿Para cuándo un poco de sentido común y de buena voluntad, para intentar llegar a acuerdos, en beneficio de la mayoría, con los que no piensan igual?

¿Para cuándo los grandes pactos de Estado que está necesitando España en materia de sanidad, educación, justicia, fiscalidad, economía y empleo, vivienda, financiación autonómica...?

Mientras que los líderes de los partidos nacionales no demuestren un poco más de humildad y de buena voluntad, al menos para sentarse a debatir acerca de los problemas que afectan a la mayoría de los españoles, no habrá nada que hacer…

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