Cuando la pena nos alcanza…
Cuando la pena nos alcanza…
Aunque, lo confieso, no soy muy semanasantero, es decir, no formo parte de ninguna cofradía, ni suelo poner demasiado interés por salir de casa para ver las procesiones (y mucho menos desde que "me he ido haciendo mayor"), tengo que reconocer que, tal vez porque soy profundamente creyente, cuando he presenciado alguno de los momentos más impactantes de nuestra querida Semana Santa: el Juramento del Silencio ante el Cristo de las Injurias, el canto del Miserere ante el Cristo Yacente, y algunos más, lo digo con absoluta sinceridad, he sentido que la solemnidad y la sobriedad de los mismos me han sobrecogido y me han hecho reflexionar acerca del significado de la Semana Santa, que no puede ser otro que la rememoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, para gloria de nuestro Señor.
Por eso hoy -martes santo- después de haber estado presente anoche, por primera vez, en uno de esos momentos que destacan por su simbolismo: el canto, por el coro de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída, en la Plaza Mayor, de la canción "La muerte no es el final", puedo decir que una vez más he sentido el recogimiento con que la mayor parte del público asistente a los momentos cumbre de nuestra Semana Santa escucha, reza y asiente los mismos.
Sobre la composición músico-vocal, de carácter religioso y castrense, a cuya interpretación tuve la suerte de poder asistir ayer, he sabido que, después de haber sido adoptada en 1981 por las Fuerzas Armadas Españolas como el himno a todos los caídos por España, desde 2006 es parte del patrimonio de la Semana Santa de Zamora, por lo que es y representa para todos los hermanos de tan insigne cofradía la interpretación de esa pieza musical que a tantos sobrecoge. Una composición cuyo mensaje tiene mucho que ver con las palabras que, está escrito, dirigió Jesucristo a cuantos le acompañaron en su vida, y muy especialmente a quienes estuvieron con Él en los últimos momentos de su pasión y muerte.
Las palabras pronunciadas por Jesucristo antes de ascender a los cielos: "no os aflijáis, estaré con vosotros hasta el final de los tiempos", debieron inspirar al autor de la precitada canción, el sacerdote y compositor vasco Cesáreo Gabaráin, cuando éste quiso plasmar en un pentagrama el recuerdo a un joven organista de su parroquia que falleció de manera prematura.
Y como después de haber vivido de forma presencial el momento descrito, no he dejado de pensar en la profundidad del mismo, he querido recoger en este humilde escrito que hoy les dedico, estimados lectores, un fragmento de la letra de la "La muerte no es el final", que reza así:
"Cuando la pena nos alcanza
Por un hermano perdido
Cuando el adiós dolorido
Busca en la fe su esperanza
En Tu palabra confiamos
Con la certeza que Tú
Ya le has devuelto a la vida
Ya le has llevado a la luz"
Para los creyentes, entre los que me encuentro, tanto las palabras de Jesucristo que he transcrito, como el fragmento del texto de la canción referida, son un regalo que todos los que de una u otra forma sentimos la Semana Santa deberíamos abrazar por siempre jamás para que nos ayude en nuestro caminar hacia ese final que a todos nos iguala.
Jesucristo, que vino a la Tierra para darnos ejemplo de vida y dejarnos el testimonio de la verdad, con su pasión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos nos dejó un mensaje de esperanza que no podemos ni debemos desperdiciar, porque en él va implícito el espíritu del perdón y el amor, que son las mejores armas para luchar contra la deriva en que se encuentra el mundo en que vivimos por mor de la avaricia, la soberbia y el afán por vivir de espaldas a lo que significan los hechos que estos días estamos rememorando: el sufrimiento de quien hace más de dos mil años se encarnó entre nosotros para redimirnos del pecado y ayudarnos a perder el miedo a la muerte.
Por todo lo relatado, hoy, tomando prestadas algunas de las palabras de la canción que cada año, el lunes santo, se canta en la Plaza Mayor en memoria de muchos de los que ya no están entre nosotros, quisiera terminar diciendo:
En tus palabras confiamos, Jesús, con la certeza puesta en que, una vez hayamos llegado al final de nuestro caminar por este enrevesado mundo, nos devolverás a la vida cuando podamos ver tu luz.
¿Qué mejor regalo para la humanidad que las semillas de esperanza que dejó plantadas Jesús al término de su pasión?
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