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El castellano, contra la intolerancia

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15.02.2026

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl

Ardo en deseos de saber qué opinan algunos de nuestros ilustres, conspicuos y españolísimos patriotas sobre el espectáculo que ofreció al mundo el artista puertorriqueño Bad Bunny (bautizado como Benito Antonio Martínez Ocasio) en el descanso de la Super Bowl, el gran acontecimiento deportivo en Estados Unidos. Lo digo porque el cantante hizo, ante millones de telespectadores, una defensa de los emigrantes, del universo latino y, también, del idioma castellano, ese que quiere cargarse el gran Trump. ¿No les gustó a nuestros ultra próceres que Bad Bunny hiciera tal alegato a favor de la lengua española?, ¿de parte de quién se han posicionado, del puertorriqueño o de los yanquis que le han atacado con saña, con insultos y con palabrotas precisamente por eso, por su apoyo a los emigrantes, a lo latino y al castellano, es decir a lo de origen hispano? Convendría saberlo, aunque solo sea por cerciorarnos, aun más, de cuánto hay de hipocresía y fariseísmo en bastantes posturas tan, ya digo, españolísimas. Decimos que defendemos a España y a lo español, pero, a la hora de la verdad, estamos más con Trump y con sus arrebatos.

La actuación de Bad Bunny (Conejo Malo) coincidió con la decisión de la señora Ayuso de conceder a Estados Unidos la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid. La disculpa es que se conmemoran los 250 años de su independencia (la de los USA, no la de Ayuso). La realidad, o esa impresión da, es que Isabel Díaz Ayuso (IDA) quiere halagar a Trump (en castellano, hacerle la pelota) y demostrarle que está con él en esa lucha denodada en pro de la libertad, carajo. Doña IDA no parece haber caído en la cuenta de que el presidente norteamericano quiere borrar el español de su territorio; que sus gorilas están deteniendo a ciudadanos solo por hablar castellano; que a otras personas se las detiene por el color de su piel, porque son más morenos que los rubios y blanquísimos autóctonos (los comanches, apaches y demás son renegridos); que ha habido muertos porque su adorado Trump ha dado patente de corso a uniformados armados hasta los dientes…

Podríamos seguir enumerando otras cuantas barbaridades del sheriff de la Casa Blanca contra todo lo que no encaje en sus reglas de autoritarismo y ordeno y mando. Por eso fue muy significativo el espectáculo de Benito Bad Bunny. Con música, con baile, con imágenes, con lemas, vino a demostrar que Estados Unidos, que América, es mucho más que lo que pretenden los ultrareaccionarios fans de Trump. El desfile final de todas las banderas americanas fue el colofón de un show convertido en grito contra la intolerancia. Y ese grito sonó en castellano. Y sonó en una ciudad llamada Santa Clara, como la calle principal de Zamora. Y sonó en un estado, California, donde sus grandes urbes se llaman Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Sacramento. ¡Y con todos estos datos, Trump quiere cargarse nuestro idioma y ordena a sus secuaces vilipendiar a todo y a todos cuantos estén relacionados con el Conejo Malo!.

La siguiente fase, que ya ha comenzado, es abrir la compuerta de lo ilegal y lo pecaminoso. Es decir, que lo hablado y cantado por Bad Bunny ofende a las leyes y a la moral cristiana. Temo que no tardarán en procesarlo o algo parecido.

Pese a estos pesares, el mensaje ya ha quedado ahí, ya lo han hecho suyo millones y millones de personas que han encontrado en el artista puertorriqueño a un adalid, a un paladín convertido en protector de sus derechos, de los derechos humanos de emigrantes y latinos, que, en la USA de don Donald, vienen a ser lo mismo.

Yo no he sido seguidor de la música de Bad Bunny. Ahora, sin embargo, he comenzado a admirarlo. Hay que tenerlos bien puestos para hacer lo que hizo en Santa Clara. Y para enfrentarse a un ser tan soberbio y vengativo como Trump. Fijo que el duelo continuará, pero el castellano ya se ha convertido en un arma contra la intolerancia. Y eso, para los demócratas, no tiene precio.

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