¿Habrá que crear plazas de funcionarios para los bares de los pueblos?

Bar de pueblo / ChatGPT

Lo que parecía una broma recurrente del grupo de maestros y maestras que trabajábamos en los años 80 en los pueblos de Zamora, en los que era tanta suerte tener casa de la maestra como que hubiera bar -que siempre era bar y mucho más- va cobrando fuerza por sí mismo y por pura necesidad.

Donde no había casa del maestro porque habían hecho el teleclub o el consultorio médico, tampoco era fácil encontrar una vivienda donde vivir de manera independiente. Es verdad que debido al carácter acogedor de la gente de nuestros pueblos, no faltaban familias dispuestas a ofrecer su casa para que viviera el maestro compartiendo mesa, mantel y habitación. También encontrabas vivienda -si sólo era para el curso escolar de septiembre a junio- en la casa cerrada de algún emigrante del pueblo que volvía en verano para las fiestas, y que se fiaba de que un maestro o maestra iban a cumplir con sus vacaciones de verano. Máxime cuando en aquellos años de implantación de la Logse nos pasábamos más de diez años sin destino definitivo, cada año en un pueblo diferente, pese a tener las bendiciones de la oposición aprobada. Así se explica que no pudiéramos comprar o hacer una casa para asentarnos en el pueblo como un vecino más, aclaro para algún crítico que piense que era porque no queríamos vivir allí ¡Aunque de todo había en la casa del señor!

Si había bar, que siempre era bar-tienda y mucho más, ya era un pueblo perfecto. Y eso que en los años 80 y 90 del pasado siglo todavía se mantenían muchos bares abiertos en los pueblos, por lo que yo tuve la suerte de poder convivir con los vecinos en esos «bares qué lugares, pensados para conversar» (Gabinete Caligari). A medida que iban desapareciendo niños, escuelas, maestros y bares, íbamos haciendo el que parecía un chascarrillo de que había que convocar oposiciones para trabajar en un bar como funcionario o empleado público. Como un servicio más. Y necesario.

Y resulta que el chascarrillo se va haciendo realidad. Primero, mediante la cesión gratuita o casi de locales municipales (ya ni escuelas, ni teleclubes, ni consultorios, ni ruinas) por parte de los ayuntamientos a quien quiera poner un bar. Y ahora mediante subvenciones a la apertura de bares o a la conversión de bares en pequeñas tiendas, como fueron siempre los bares de los pueblos. Y mucho más: porque han descubierto que son un elemento de socialización, de compañía y de lucha contra la soledad no deseada. Lo que fueron siempre: lugar de encuentro, lugar de ayuda, «calor del amor en un bar».

Tras la subvención para poner un bar en un pueblo, la ayuda para la rehabilitación, la cesión gratuita de local con casa para vivir de la que fue casa de la maestra, consultorio, teleclub y amenaza de ruina... Poco queda para que se convoquen oposiciones a pinche auxiliar de cocina, camarero administrativo, chef técnico y secretario interventor de ayuntamiento con máster hostelero.

Porque más allá de la broma que se está haciendo realidad, resulta que los pueblos de Zamora se sostienen en gran parte por el empleo público y los servicios ligados a éste. Por ese sector de empleados públicos o empresas dependientes del dinero público que se recauda con los impuestos. Y que algunos partidos apoyados por estas tierras defienden que deben bajarse o anularse, sin pensar un poco más allá: con su bajada, se pondría en peligro la supervivencia de esta tierra.

Porque es una evidencia la importancia del empleo público en Zamora. Los servicios públicos en Zamora son los que favorecen el asentamiento de la población y crean empleo: los empleados públicos en Zamora son cerca de 12.000 trabajadores, y se necesitan más en todos los sectores: sanidad, educación, forestales, dependencia, residencias... Podrían ser más como están pidiendo los vecinos para tener más y mejores servicios. Para vivir mejor.

Y de la misma manera que hay empleo público, también hay otro sector que crea empleo: los autónomos, pequeñas empresas y la economía social o cooperativas sobre todo de carácter agrícola y ganadero. Y no precisamente esas grandes empresas que sólo crean puestos de trabajo durante el tiempo en que se construyen, y después dejan el territorio esquilmado permanentemente. Las grandes empresas energéticas y macrogranjas que se han asentado en Zamora y lo han hecho como «okupas» del territorio, que no pagan el alquiler del terreno a los ayuntamientos, pagan los impuestos fuera, y acaban expulsando a los moradores, vecinos, agricultores y ganaderos de toda la vida.

Y para que sobreviva esta provincia hay que seguir creando empleo público en servicios públicos, y hay que apoyar a los autónomos y pequeñas empresas que también prestan servicios. Para ello se necesita una fiscalidad justa y no diferenciada: que no paguen más los trabajadores en el IRPF o los autónomos con las cuotas que las grandes empresas que se instalan en Zamora y cotizan en otras zonas.

Precisamente en «la Zamora que funciona» están representados esos sectores que crean empleo aquí, en servicios y agroalimentación. Y también el Campus y todo el sistema público de educación de Zamora, que no puede convertirse en una fábrica de parados si se quedan en la provincia o en un pasaporte para la emigración de los jóvenes mejor preparados de la historia, la llamada Generación Z, pero en nuestro caso con Z de Zamora.

Y lo de tener funcionarios por oposición en los bares, bien pagados y con derechos. ¡Al tiempo! Que no es.


© La Opinión de Zamora