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Carajal

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GALERÍA | Procesión de Jesús Nazareno, vulgo Congregación

Después de cuarenta y seis años colaborando con este periódico, confieso que cada vez me cuesta más escribir sobre Semana Santa. Sé que a algunos les sonará cínico, pero es así. Sin embargo, no hay año que la celebración no genere noticias grotescas, de manera que, pese al hartazgo, hago de tripas corazón y me pongo a ello. En esta ocasión, para opinar sobre el "espectáculo" de la procesión – hay que empezar a sacudirse "desfiles" porque, en estos tiempos que corren, suena extemporáneo –, de la mañana del pasado Viernes Santo. Hombre, todo el ritual paralitúrgico de la Pasión, no deja de serlo, pero lo sucedido aquel lejano día nada tiene que ver ni con uno ni con otra. Voy a ello. Estaba yo, con mi familia, esperando la procesión frente a la iglesia de San Torcuato cuando se desperezaba la fría mañana de abril. Bajaba la congregación solemne, después de haber repuesto fuerzas con las sopas, los cafés, los chupitos, viandas y chacinas varias, ajenas al viejo y anacrónico ayuno cuaresmal, después del "descanso". Caminaban los hermanos somnolientos y tranquilos, pero con respetuoso decoro penitente, y los pasos como si no hubiera un mañana, vamos que se los bailaban a todo perro pichichi. Sin duda los pasos y sus cargadores –que antaño eran hermanos de segunda fila– son los que hoy dan a la carrera categoría de espectáculo, ya que los cofrades últimamente parecen haber quedado relegados a decorado textil necesario. Continúo, pocos metros más abajo, los muchos congregantes que iban en la cola de la procesión, detrás de la Virgen de la Soledad, debían de aburrirse y como no tenían pasos que acompañar decidieron "manifestarse", levantando a propósito las cruces –otro confuso y sospechoso tic de antaño convertido en tradición– tarareando, para expresar su enfado, la marcha fúnebre de Talberg, que ya saben, vale lo mismo para un roto que para un descosido. De "pequeño desajuste", lo tildó magnánimo este diario, aunque, el redactor, seguramente poco convencido, se vino arriba y encabezó la crónica con un rotundo: "Motín en la procesión de Jesús Nazareno de Zamora"; titular que también emplearon otros medios de comunicación, y que, convendrán conmigo, se ajusta más a lo que presenciamos, perplejos y atónitos, los sufridos "hermanos de fila", de aquende y de allende. Los incrédulos aún pueden ver en internet algunos vídeos que lo ilustran, por eso de que vale más una imagen que mil palabras. En mí ya provecta edad, no había visto nada igual ¡Joder, con la Semana Santa de Zamora, tan austera ella! ¿Qué tiene que ver esto con la imagen que se vende a los turistas? Motín, pero también manifestación chusca, porque los sufridos congregantes –no entendieron eso de los últimos serán los primeros– mandaron a tomar por culo a la organización, gritando indignados: "¡Directiva dimisión!", en medio de tremenda y pintoresca algarabía. Extraña manera de glorificar a Dios, ¿no les parece? ¡Mecachis!, panda de desagradecidos, y eso que todo estaba pensado, pero, ¡maldita sea!, las predicciones de lluvia, obligaron a acortar el recorrido y velay. Y por si fuera poco la algarada, "un hermano sacó una navaja" cuando fue amonestado por los celadores. Hay que ver cómo han cambiado las cosas: antes te partían, por menos de un duro, la cruz en la cabeza, pero ahora además puedes morir en el empeño. El asunto daría, sin duda, para escribir un libro, no tan ambicioso como el de John Boyne, pero a buen seguro no menos interesante y seguramente más divertido. Para los no iniciados, conviene advertir que el gobierno de procesión tan tumultuaria y peculiar, y a hora tan intempestiva, es complejo, pero sinceramente, creo que al actual equipo directivo de la congregación los problemas de la cofradía y de la procesión le superan, ya que no hay año que no sean noticia, casi siempre para mal. Si en 2019 lo fue la trifulca protagonizada por algunos cargadores en la asamblea general, que a punto estuvo de terminar en reyerta, y que, insensatamente grabada con un teléfono móvil, circuló rápidamente por las redes sociales, incorporándola incluso una cadena de televisión nacional a sus informativos, ampliando morbosamente su difusión; este, ha obligado a suspender la asamblea general extraordinaria, por no tener prevista la masiva asistencia de hermanos, dando lugar a formidable embrollo, también ampliamente difundido. Esta directiva semeja un pato cojo, y cada vez se parece más al actual gobierno de la nación, pues lejos de resolver los problemas, los crean, utilizan sus mismos ditirambos -"Nos hemos dejado la piel"–, siempre creen tener la razón y son diestros en todo tipo de marrullerías. Parafraseando a una escritora inglesa, los chicos y chicas de esta directiva son más aptos "para tirar de un carro que para conducirlo". Su disruptivo y soberbio afán de hacer muchas cosas –que los muchos ingresos propician–, sin respetar cualquier opinión discrepante, goza de la indiferencia de la mayoría, que, no quiere –yo también me incluyo– participar en nada, dejando insensatamente las decisiones al bovino coro de paniaguados, que acuden –prietas las filas– a las asambleas, a dar la cabezada a cambio de una vara o de cualquier otra prebenda. De manera que su fracaso, lo es también de todos, y a todos, aunque suene a fervorín, cabe resolverlo. El asunto de la reforma de los estatutos, que debería normalizar, al igual que en otras cofradías, la participación de la mujer en igualdad de derechos, sigue generando, inexplicablemente, testosterona machista, aunque el busilis de la cosa, en mi opinión, hiede a lucha por el poder. No sé si estamos ante un cambio de ciclo, como se dice en el argot político, ¡ojalá!, pero, está claro que los que aspiran a coger el relevo han empezado a tomar posiciones. Este derroche ordenancista, so pretexto de democratizar el funcionamiento de una institución de por sí conservadora y caciquil, esconde en el confuso enmarañado de artículos, obligaciones, plazos de cumplimiento y penas a los contraventores, una calculada estrategia para mejor manejar la cofradía, lo que equivale a asegurarse el control y continuidad de quien lo propone. Por no hablar de la obscena y vanidosa pretensión de hacer hermanos de mérito, por escalafón, a los presidentes, lo hayan hecho bien o mal. Por cierto, nada dice el proyecto de estatutos sobre la remuneración que recibe nuestro bravucón y lenguaraz vicepresidente; al parecer un secreto a voces del que nos hemos enterado anteayer. ¿A santo de qué un directivo tiene que cobrar por su trabajo? ¿Cuándo tomó tal acuerdo la junta directiva y cuándo se votó en asamblea general?, pues de no ser así sería a todos los efectos nulo. ¿Desde cuándo cobra y cuánto nos ha costado desde que está contratado? ¿Por qué se dice arteramente que no podemos conocer su sueldo porque lo prohíbe la ley de protección de datos? ¿Cómo figura en las cuentas, quizás camuflado en la elevada cantidad que contempla el concepto "prestación de servicios"? ¿Qué trabajo realiza, aunque sea a media jornada, para justificar su retribución? ¿Por qué se ha ocultado todo esto a la asamblea, acaso tenían miedo que no se aprobase? Los hermanos exigimos, como recíprocamente se nos exige pagar las cuotas anuales y extraordinarias, se responda con claridad a estas o cuantas otras preguntas se hagan a la junta directiva. En mi opinión, la mejor manera de aclarar este endiablado embrollo sería encargar una auditoría externa que, para tranquilidad de todos, bien podría hacerla el ecónomo de la diócesis o quien estime conveniente el obispo. Que yo sepa, antes nadie cobró por ello, ni en esta ni en otra cofradía; si para tareas puntuales de secretaría o tesorería, hubiese que contratar temporalmente un gestor, hágase, pero consúltese previamente a la asamblea, y obviamente que no sea un directivo ni persona allegada. Si el vicepresidente no tiene trabajo, que se apunte al paro. ¡Ya está bien de trampas y corruptelas! Estas y otras cosas están en boca de todo quisque, cofrades o no. Si el equipo de gobierno tuviera vergüenza debería dimitir y convocar elecciones, para salir del distópico carajal en que nos han metido. De cara al futuro, si es que hay cambio, es urgente recomponer la unidad de los cofrades, ahora divididos y enfrentados, que es para lo único que han demostrado tener aptitudes estos pillos, que aún no saben ni entienden lo que se traen entre manos, pues dicen creer "cuanto cree y enseña la Santa Madre Iglesia, ignorantes de lo que ésta enseña y cree" (Unamuno dixit). Su dogmatismo cazurro y falaz populismo, impuestos a machamartillo, banalizando el gobierno de una institución religiosa, fundamentada en la fraternidad, han terminado por generar monstruos, como el pasado motín y el tapado despótico de cobrar por algo que siempre se ha hecho con generosidad, y cabe suponer para testimoniar su condición de cristianos. Una cosa más, el debate de la participación de las mujeres con plenos derechos se me antoja estéril, pues lo debería haber resuelto el obispo con un decreto, y acabar de una vez con esta apestosa vaina, ya que, como castizamente se dice: "el dinero y los cojones, para las ocasiones". n

"En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz…sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas" (San Pablo a los Efesios, 5,8-14).

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