Claridad, por favor ,y obligación

Detalle de una mesa electoral en un colegio en Plasencia (Cáceres), este domingo. Un total de 860.375 extremeños están llamados a votar en alguno de los 791 colegios electorales que este domingo, 21 de diciembre, abren sus puertas desde las 9:00 horas para los comicios autonómicos y en los que se han dispuesto 1.400 mesas electorales. EFE/ Eduardo Palomo. Sustituye texto 2 / Eduardo Palomo / EFE

En menos de un mes los empadronados en Castilla y León nos enfrentamos al deber y obligación de votar a quienes queremos que nos representen en las Cortes y en el Gobierno de la comunidad. Será darles nuestra confianza por un tiempo de cuatro años. Y eso es mucho. ¿Qué garantía nos dan de que van a cumplir con nuestra confianza?, ¿qué posibilidades tenemos de vigilar y exigir que cumplan?, ¿lo hace el Procurador del Común, los tribunales, los abogados del Estado?, ¿no hay instancias para ello? Me gusta seguir la noche electoral a partir de las 20.00 horas cuando se cierran las urnas. Lo primero es ver el despilfarro en los sondeos a pie de urna que duran como mucho media hora. Lo segundo, escuchar a todos que han ganado (los que van en las listas siempre ganan, aunque pierdan, pues perdiendo, a algunos les toca la pedrea y se quedan, aunque en la oposición, como procuradores).

Me ha entristecido el poco caso que se hace a los que votamos. Votamos para que se legisle y se gobierne bien. Y lo votados no tienen prisa. Vemos los ejemplos de Extremadura y Aragón que no se ponen de acuerdo en formar gobiernos. Los que votamos queremos que empiecen pronto a trabajar y se dejen de componendas para favorecerse a sí mismos y a sus partidos. Si yo entiendo bien las palabras, cuando hay izquierda y derecha, los que están al lado de ellos, serán extremos. Y no por definición tienen que ser malos, ni por el mismo rasero los otros buenos. Serán unos y otros, los del centro y los de los extremos, los que sean capaces de hacer las personas que integran estas formaciones, si les dejan sus jefes, cuando en realidad, los jefes, tendríamos que ser los que votamos, quienes les dimos el privilegio de servir en la política y administrar bien los bienes encomendados. Que mande y dirija el que más sirva y ayude, si es competente. Escuchamos la noche del 8 de febrero a una primera de una lista que los resultados, los votos de los que, ejerciendo su derecho y su deber a expresar su opinión, eran malos para Aragón. ¿Cómo se atreven? De igual modo, otro que había obtenido peores resultados que la vez anterior y dilapidó año y medio de tiempo, adelantando elecciones, que había ganado.

Me pregunto, ¿cómo pueden intentar engañarnos con falacias? La elección secreta en la urna es la mejor y más fiable encuesta y es la que es, les guste o no. Y su obligación es respetarla y cumplirla sin dilación. Tomen todos los ejemplos de Alemania, a quien no se les oye una voz de discordia. Al día siguiente de las elecciones dan a conocer que su obediencia al mandato mayoritario de los votantes es clara: cumplir con el máximo de votantes posibles y los partidos que obtienen mayor número de votos reparten obligaciones y a gobernar y legislar cuatro años cumpliendo con sus obligaciones y dando ejemplo de trabajo y responsabilidad. En un mes, por haber disuelto las Cortes ante la imposibilidad de dialogar y consensuar con los otros, también queridos y votados por los ciudadanos, votaremos. ¿Escucharemos a los candidatos a nuestras Cortes lo que piensan hacer si ganan o si pierden?

En lugar de gastar dinero en carteles, panfletos de propaganda partidistas, sobres, bolígrafos, viajes, besos, abrazos, aplausos , criticar a todos los que no sean ellos, digan claramente y en positivo lo que harían tanto si gobiernan, como si no. Paguen en justicia a los medios de comunicación que informen mucho y bien. Su dinero les cuesta. Tal vez así nos ayudarían a elegir a los que se ajusten a nuestros deseos, ilusiones, esperanzas, utopías. Véanse como mendigos, no como propietarios, en busca de nuestra confianza para trabajar bien y mucho. Al final no tienen que sufrir, ni prepararse una oposición para disfrutar ellos, sus amigos y parientes de un buen sueldo, privilegios, inmunidades y otras gabelas, durante cuatro años. Y con humildad y en verdad no digan, si pierden, que ganan, ni torpedeen a los elegidos que serán por voluntad de ciudadanos libres y con la mejor intención. No como algunos piensan, por ignorancia o por aburrimiento. No es tampoco buen ejemplo servir desinteresadamente en cosa tan importante como es servir en política, siendo buenos, el pataleo como el caso que comenta LA OPINIÓN en la sección Castilla y León (9-2). No descalifiquen, desacrediten a nadie, ni a los de los extremos, ni a los de los de centro. Sean corteses y educados, no tanto serviles, lacayos, esclavos de unas siglas. Lo deben a sus votantes. Todos, si son elegidos, serán queridos y respetados. Las elecciones, como dijo uno la noche del 8 de febrero en Aragón, es la fiesta del sentido común, que es lo que más abunda en los votantes.

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